
Madrid celebra la ordenación de once nuevos presbíteros.
Dominio público
Historias
personales diversas

Dominio público
En estos
días, la web de la archidiócesis de Madrid ha realizado
entrevistas a cada uno de ellos, en las que hemos podido conocer
su trayectoria, sus ilusiones, cómo vieron su vocación y la vida en
el seminario. Como señala la Delegación Episcopal de Catequesis de la
archidiócesis de Madrid, "aunque sus historias personales son diversas,
todos ellos comparten una misma convicción: Cristo les ha llamado para
configurarse con Él y ser pastores con corazón entregado,
disponibles para servir al pueblo de Dios".
En sus
historias se puede apreciar como se han ido formando en la riqueza de los
distintos carismas de la Iglesia, ya que cada uno de ellos proviene de
entornos diferentes: vida de parroquia, retiros
de Effetá, cursillos de cristiandad, colegios y clubes del Opus Dei,
instituciones como las teresianas y experiencias misionales.
Uno de ellos, Juan José Rodríguez Rojas, es del Seminario Redemptoris Mater, vinculado al Camino Neocatecumenal.
Un retiro de Effetá
Antonio Gil-Delgado Ruiz de la Prada
tiene 33 años. El Señor le fue preparando el corazón incluso cuando
Antonio no se daba ni cuenta, en aquellos años en los que estuvo alejado
de Dios y de esa Iglesia a la que desea ahora servir con toda su alma. Luego,
en un retiro de Effetá, "me llamó y me lo dejó tan
claro que no he tenido más remedio que ser sacerdote", cuenta a
Archimadrid.
Con 18
años empezó a ir a Lourdes con la Hospitalidad de Lourdes de Madrid, y fue en
la Gruta, una noche de inquietud en ese tiempo en el que Antonio se resistía a
Dios, cuando María lo animó, «Antonio, hazle caso y di que sí».
Lo hizo por Ella, y «tuve una paz tan grande… desapareció toda la angustia de
golpe».
Jesús Rodríguez tiene 29 años. Pasó una
noche en vela durante una convivencia de jóvenes en Jerez con
su parroquia, Nuestra Señora de la Paz. La realidad es que él
llevaba meses barruntando. Su padre, sacristán de la parroquia,
y su madre, conserje del colegio diocesano asociado, le inculcaron la fe en
casa.
Un día le dijo a su párroco que «estoy listo, ¿dónde es el seminario, en Toledo?». Pero en lugar de eso, lo envío a un retiro, Effetá. En ese bullicio, Dios «me fue quitando las dudas, los miedos, “fíate, recuerda que eres mi hijo amado”».
Institución Teresiana
Héctor Gregorio (34 años) es
el mayor de todos los que recibirán la ordenación sacerdotal. Héctor
se crio en una familia cristiana, donde vivió su fe de manera «serena, normal»,
hasta que terminada la carrera, Topografía, pensó en qué quería hacer con su
vida y «qué era lo que Dios quería de mí». Como «me atraía por igual» el
matrimonio que el sacerdocio, le pidió ayuda en su discernimiento a una teresiana
—instituto al que él estaba ligado como joven— porque le
parecía que podía ser una persona aséptica y «no barrer para casa».
Como diácono, ha podido celebrar bautizos y «en muchos de ellos he llorado» pensando en la grandeza de este sacramento que hace nuevos hijos para la Iglesia. Y como futuro sacerdote, piensa en la Eucaristía y en la confesión. «Coger el pan y que se convierta en el cuerpo de Cristo o poder ser canal de la gracia en el sacramento del Perdón, siendo Jesús en estos dos momentos» es algo que le sobrepasa.
Cursillos de Cristiandad
Álvaro Pérez Turbidí (26 años) pasó tres años
con la inquietud de la vocación, pero «necesitaba tener la certeza de que
era algo que no me había inventado». Y esa llegó en el
verano de 2017, durante una misión en Perú. Al principio tuvo «mucha alegría y
mucha paz», pero enseguida apreció el miedo. «Gracias a Dios, no me paralizó»,
así que «al mes comencé el introductorio», curso inicial de discernimiento que
se hacía en su época. La casulla se la impondrá su hermano Eugenio,
también sacerdote, «referente en mi vida».
Pilar Turbidi y su esposo, Eugenio Pérez, son padres de tres hijos: una casada (y con dos hijas, o sea que son abuelos), otro ya sacerdote, y el tercero es Álvaro. La familia de Pilar y Eugenio siempre ha estado abierta a la gran familia que es la Iglesia, desde su pertenencia al movimiento Cursillos de Cristiandad: "Hemos intentado transmitirles que son parte de la Iglesia. Manteniendo la libertad, les hemos expuesto qué es la Iglesia. Y aunque nunca les hemos obligado a hacer un cursillo, lo han tenido accesible".
Colegio arzobispal y parroquias
Jaime López-Riobóo tiene 27 años. Con 14 años, Jaime cambia
de colegio y empieza en el Arzobispal de Madrid. De este tiempo pastoral
que Jaime lleva en la parroquia San Miguel de Las Rozas, lo que más le toca el
corazón es «ver el paso de Dios por la vida de la gente; es
impresionante cómo Dios está empeñado en hacer un camino de salvación y de amor
con cada persona». Ha conocido gente que redescubre a
Jesucristo ya de mayores —sus propios padres, después de hacer un Cursillo de
Cristiandad—, o jóvenes en procesos vocacionales, o niños que quieren ser
cristianos, como la de 10 años que bautizó hace un par de viernes.
Roberto Reyes (28 años) ha estado muy implicado «en la
vida de la Parroquia Santa Maravillas de Jesús».
También es músico. Tocaba el bombardino en la banda de
Orcasitas. Hijo de madre española y padre mexicano, «esa mezcla
de sangre me define mucho». Nació en Carabanchel. En 2018, el joven hizo un
retiro en silencio, «sin móvil y sin nada», y ahí «me sentí amado por Dios como
nunca lo había sentido». Pasó a hacer suya la fe que había
heredado de sus padres y se decidió. Porque a él el Señor
le llevaba rondando un tiempo ya. «No sé qué será de mi vida, pero yo
quiero que sea contigo».
De los
años del seminario, «todo es bueno, porque incluso lo que uno considera no
bueno te ayuda a crecer».
Adrián León (30 años) es chico de parroquia «de siempre», la de la Asunción de Nuestra Señora de Pozuelo. Creció en una familia «no especialmente religiosa» en la que «la abuela ha sido el pilar de la fe». Nacido en Pozuelo, estudió en colegio e instituto públicos y, desde bien pequeño, se integró en la parroquia Asunción de Nuestra Señora. Afirma que los años del seminario han sido «muy felices». Con tantos chicos y realidades diversas, «he conocido lo que significa la Iglesia católica».
Colegios del Opus Dei
Pablo Vidal (28 años) ha estudiado en el Colegio Los
Olmos y la carrera en la Universidad Villanueva. La vida de Pablo cambió
en enero de 2016 durante unos ejercicios
espirituales. Pablo se dio cuenta de que "el Señor me pedía exclusividad para
él" y comenzó el introductorio. Pero el último día antes de
pasar al seminario "dije que no". Empezó a vivir su fe en una
parroquia en la que constató que, a diferencia de como había hecho toda su
vida, «la fe no se puede vivir
solo» y que en la
comunidad «es donde Jesús se hace más presente. Dos años después,
y en otros ejercicio espirituales, el Señor le insistió: «Te quiero para mí».
Lo hizo Dios todo «pasito a pasito,
para no asustarme», porque Pablo siempre ha tenido mucho «miedo al compromiso».
Carlos Tamames (30 años) es el cuarto de cinco
hermanos, alumno del colegio
Retamar. Estando en 4º de la ESO decidió tomarse en serio su vida
académica y su vida de fe, así que, imitando a un amigo suyo, empezó a tener dirección espiritual con
un sacerdote de la parroquia de
Caná, Nicolás Álvarez de las Asturias —actual rector de la Universidad
San Dámaso—.
Un día en Misa se visualizó siendo sacerdote y
predicando la homilía. «Uff, no, no, no…». Fue el primer aldabonazo en su
corazón. Después llegaron algunos más, pero él se resistía. «Por favor, que sea
el matrimonio, déjame que tenga cinco hijos», le decía a Dios. En 3º de carrera
(Ingeniería Industrial), después de un 1º de despiste espiritual, fue a la
Javierada. Y ahí le surgió la pregunta «¿cómo
puedo amar más a los hombres?». Habló con su sacerdote: «Yo creo que
Dios quiere que sea cura, pero yo no quiero». «Sigue
rezando, tú tranquilo», le respondió.
Juan Orduña (26 años) siempre quiso ser sacerdote. Ya
desde preescolar no recuerda haber deseado otra cosa. El sexto de ocho
hermanos, bautizado en Nuestra Señora de los Ángeles y alumno del colegio El
Prado, en 6º de Primaria ya le
comunicó a un cura de su cole «que yo también quería ser cura».
Ahí empezó su proceso de discernimiento en el que fue
acompañado espiritualmente en el Centro de Cultura Teológica. Y en la vigilia de jóvenes de cada primer viernes de mes
en la Almudena, la de febrero de 2016, «don Carlos [arzobispo emérito
de Madrid, cardenal Carlos Osoro], en esas oraciones cantadas que improvisaba,
dijo: “Remar adentro, préstame tu
vida, no temas”». Juan tuvo la certeza: «Quiero ir al seminario».
M. S.
Fuente: ReligiónConfidencial