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La línea entre
una tentación y la comisión de un pecado es a menudo difícil de discernir.
Probablemente
todos estemos familiarizados con alguna tentación que nos asalta la mente.
Algunos de nosotros podemos pensar inmediatamente que hemos cometido un
pecado , incluso si no hemos dado nuestro consentimiento a la
tentación y esta ha surgido de la nada.
Sin embargo,
como cualquier buen confesor te diría, ser tentado es diferente a
cometer un pecado. Puedes ser tentado, como lo fue Jesús en el
desierto, y aun así permanecer “inmaculado” en tu alma.
¿Cuál es la
diferencia?
3 pasos para
cualquier tentación
San Francisco
de Sales nos ofrece una excelente ilustración para reflexionar en su Introducción
a la vida devota :
Imagínese una
joven princesa amada por su marido, a quien algún malvado desgraciado le envía
un mensajero para tentarla a la infidelidad.
Luego conecta
esa ilustración con la vida espiritual:
La clave, para
San Francisco de Sales, es que " no nos deleitamos en ella, ni
consentimos en ella ; y que como en la tentación no actuamos, sólo
sufrimos, y como no nos deleitamos en ella, no podemos estar sujetos a ninguna
culpa".
Como con todos
los asuntos espirituales del alma, asegúrese de consultar a su consejero
espiritual para discernir si usted pecó o no cuando una tentación llegó a su
mente.
No siempre es
fácil, pero si analizamos cada tentación y vemos si consentimos en ella o nos
deleitamos en ella, entonces podremos entender mejor si pecamos.
Nuestra vida en
la tierra nunca estará libre de tentaciones, pero cuanto más cerca estemos de
Dios, mejor podremos luchar contra esas tentaciones y rechazarlas.
Philip Kosloski
Fuente:
Aleteia