Bajo mi ventana
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor.
Que pases un feliz día.
Estos días, debido a la gripe que campa a sus
anchas por el monasterio, hemos tenido que “reorganizar” el horario para
adaptarlo a las enfermas. Una de las cosas que ha variado es la hora de la
siesta, que es un poco más tarde.
Nada más levantarme, me gusta abrir la ventana
para ventilar y, desde el cambio de horario, me encuentro una sorpresa muy
peculiar: justo debajo está esperando alegremente Jubi, que me saluda
desgañitándose a ladridos, en una versión perruna de los cantos de la tuna.
Y, claro, a mí me hace tanta gracia… que no
puedo evitar lanzarle algún premio, para salir de mi celda con una gran
sonrisa.
Esta anécdota me ha hecho pensar en lo mucho
que puede cambiarte la jornada un “buenos días” al despertar, o una palabra
cariñosa al comenzar la tarde. Es una forma muy sencilla de decirle a esa
persona que es importante para ti, que te acuerdas de ella… que te alegras de
tenerla en tu vida.
Tal vez en esa primera hora la amabilidad no
fluye de forma espontánea (hay quien asegura que necesita primero el café),
pero el hecho es que siempre podemos apostar por ese pequeño cuidado, esa suave
caricia, ¡¡¡que puede cambiar el día a quien vive a nuestro lado!!!
“Temprano te buscaré, mi alma tiene sed de ti”,
canta el salmista (cf. Sal 63, 2). Sabemos que Cristo nos muestra su amor en
cada nuevo día que nos regala, quiere ser el primero en darte los buenos días,
¡¡¡para que vivas con una sonrisa en los labios!!!
Hoy el reto del amor es dar los buenos días. No
es necesario que cantes las mañanitas como nuestra beagle… basta que acompañes
esas palabras con una sonrisa. Este gesto tan pequeño, ¡¡¡puede cambiar por
completo el ambiente!!! Así pues, ¡¡buenos días, querido retero, te deseo una
muy feliz jornada!!
VIVE DE CRISTO
¡¡¡Feliz día!!!
13 enero 2024
Fuente:
Dominicas de Lerma
