El próximo domingo 2 de abril la Iglesia Católica dará inicio a la Semana Santa 2023 con la celebración del Domingo de Ramos, que nos recuerda la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén
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| Imagen referencial. Crédito: Grant Whitty / Unsplash. |
Los católicos
estamos llamados a participar en esta celebración, cuyo significado y prácticas
son explicadas en el documento vaticano “Carta circular sobre la preparación y la celebración de las
fiestas pascuales, Carta de fiestas pascuales”, publicado en 1998, y en el
libro “Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección” del
Papa Emérito Benedicto XVI.
En base a esta
información, a continuación compartimos 9 datos que todo católico debe saber
sobre el Domingo de Ramos:
1. Este día se
llama "Domingo de Ramos" o "Domingo de Pasión"
El primer
nombre proviene del hecho que se conmemora la entrada triunfal de Jesús en
Jerusalén, cuando la multitud lo recibió con hojas de palmas (Jn 12,13).
El segundo
nombre se debe al relato de la Pasión que se lee este día. Porque de no ser
así, este pasaje evangélico no se leería en un domingo, ya que en el próximo la
lectura tratará sobre la Resurrección.
Según el
documento del Vaticano “Carta circular sobre la preparación y la celebración de
las fiestas pascuales” (Carta de fiestas pascuales) de 1988, el Domingo de
Ramos “comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio
de la Pasión”. “La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se han
de evidenciar en la celebración en la catequesis del día”, agrega.
2. Se realiza
una procesión antes de la Misa
La procesión
puede tener lugar sólo una vez, antes de la Misa con mayor concurrencia. Puede
realizarse el sábado o el domingo.
“La entrada del
Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la
cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y
gestos, que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor,
cantando el fervoroso ‘Hossana’”, detalla la Carta de fiestas pascuales.
3. Se puede
portar palmas u otro tipo de plantas en la procesión
No es necesario
utilizar hojas de palma en la procesión. También se pueden utilizar otro tipo
de plantas locales como el olivo, el sauce, el abeto u otros árboles.
Según el
Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: “A los fieles les gusta
conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo
o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión”.
4. Los fieles
deben ser instruidos sobre la celebración
Según el mismo
Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, “los fieles deben ser
instruidos sobre el significado de esta celebración para que puedan captar su
significado”.
“Debe
recordarse oportunamente que lo importante es la participación en la procesión
y no sólo en la obtención de hojas de palma o de olivo”, que tampoco deben
mantenerse “como amuletos, ni por razones terapéuticas o mágicas para disipar
los malos espíritus o para evitar el daño que causan en los campos o en los
hogares”, indica el texto.
5. Jesús
reclama el derecho de los reyes en la entrada triunfal a Jerusalén
El Papa
Benedicto XVI explica en su libro “Jesús de Nazaret: desde la entrada en
Jerusalén a la resurrección” que Jesucristo reclamó el derecho de los reyes,
conocido a lo largo de la antigüedad, de demandar modos de transporte
particulares.
El uso de un
animal (el burro) en el que nadie se había sentado aún es un indicador más del
derecho de la realeza. Jesús quería que su camino y su accionar sean entendidos
en términos de las promesas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona.
“Al mismo
tiempo, a través de este anclaje del texto en Zacarías 9,9, una exégesis
‘fanática’ del reino está excluida: Jesús no está construyendo sobre la
violencia; no está instigando una revuelta militar contra Roma. Su poder es de
otro tipo: es en la pobreza y la paz de Dios, que identifica el único poder que
puede redimir”, detalla el libro.
6. Los
peregrinos reconocieron a Jesús como su rey mesiánico
Benedicto XVI
también señala que el hecho de que los peregrinos coloquen sus mantos en el
suelo para que Jesús camine sobre ellos también “pertenece a la tradición de la
realeza israelita (2Re 9,13)”.
“Lo que hacen
los discípulos es un gesto de entronización en la tradición de la monarquía
davídica (del rey David) y apunta a la esperanza mesiánica que surgió a partir
de ésta”, indica el texto.
Los peregrinos,
prosigue, “sacan ramas de los árboles y gritan versos del Salmo 118, palabras
de bendición de la liturgia de los peregrinos de Israel que en sus labios se
convierten en una proclamación mesiánica: '¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en
el nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino de nuestro padre David que viene!
¡Hosanna en lo más alto!' (Mc 11,9-10, ver Sal 118,26)”.
7. “Hossana” es
un grito de júbilo y una oración profética
En el tiempo de
Jesús esta palabra tenía matices mesiánicos. En la aclamación se expresan las
emociones de los peregrinos que acompañan a Jesús y a sus discípulos: la
alabanza alegre a Dios en el momento de la entrada procesional, la esperanza de
que la hora del Mesías había llegado.
Al mismo tiempo
era una oración que indicaba que el reinado davídico, y por lo tanto el reinado
de Dios sobre Israel, sería restablecido.
8. La multitud
que aplaudió la llegada de Jesús no es la misma que exigió su crucifixión
En su libro,
Benedicto XVI argumenta que, en los tres Evangelios sinópticos, así como en San
Juan, se deja en claro que quienes aplaudieron a Jesús en su entrada a
Jerusalén no fueron sus habitantes, sino las multitudes que lo acompañaban e
ingresaron a la Ciudad Santa con Él.
Este punto se
hace más claro en el relato de Mateo, en el pasaje que sigue al Hosanna
dirigido a Jesús: “Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó diciendo:
¿Quién es este? Y las multitudes decían: Este es el profeta Jesús de Nazaret de
Galilea” (Mt 21,10-11).
Las personas
habían oído hablar del profeta de Nazaret, pero no parecía tener ninguna
importancia para Jerusalén, y la gente allí no lo conocía.
9. El relato de
la Pasión goza de una especial solemnidad en la liturgia
La Carta de
Fiestas Pascuales señala en el numeral 33: “Es aconsejable que se mantenga la
tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que sean tres personas que
hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser
proclamada ya por diáconos o presbíteros, ya, en su defecto, por lectores, en
cuyo caso, la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote".
En la
proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso, ni se hace al
principio el saludo al pueblo como de ordinario para el Evangelio, ni se signa
el libro. Tan sólo los diáconos piden la bendición al sacerdote.
Para el bien
espiritual de los fieles conviene que se lea por entero la narración de la
Pasión, y que no se omitan las lecturas que la preceden”.
Traducido y
adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en el National Catholic Register
Fuente: ACI
Prensa
