Los fieles de la parroquia de San Nicolás, en Talas (Kirguistán), estaban celebrando la Eucaristía cuando de pronto ingresaron los agentes del orden local para multar a una religiosa por haber leído una de las lecturas de la Misa.
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| Crédito: Flickr / "Saint Joseph" (CC BY-NC-ND 2.0) |
En
el insólito hecho, la hermana Daniela Činčilova, de nacionalidad eslovaca e
integrante de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Enseñanza, fue
multada con 90 dólares por los agentes policiales y del Comité Estatal para la
Seguridad.
Según
los oficiales, la religiosa había infringido la ley por propagar el Catecismo
entre la población de Talas sin el permiso de la Comisión Estatal de Asuntos
Religiosos.
Para
el hermano jesuita Damian Wojciechowski, director de la curia de la
Administración Apostólica de Kirguizistán, esto es consecuencia de la
“ignorancia del personal local implicado en la operación, ya que la religiosa
no ha violado la normativa vigente en Kirguistán”.
Cabe
resaltar que los misioneros extranjeros sólo pueden predicar y presidir la Misa
con un permiso gubernamental especial. Por ello, el hermano Wojciechowski
enfatizó que han empezado las gestiones legales para que la multa sea anulada.
Católicos sin libertad
En
Kirguistán los católicos son una minoría religiosa. Se calcula que son algunos
miles y que sólo unos 500 van a la Misa en las 9 parroquias que hay en todo el
país. Por la lejanía de los templos, muchos optan por reunirse en casas y
rezar, asistidos por los pocos sacerdotes y religiosos que hay.
En un informe de
Ayuda a la Iglesia Necesitada se describe que la Constitución del país protege
la libertad religiosa, pero que una ley de religión de 2009 la restringe.
Es obligatorio
para los grupos religiosos el registrarse ante las autoridades. Además, existen
limitaciones para la actividad misionera y la formación en la fe.
Las reuniones
religiosas están permitidas sólo en los lugares autorizados, mientras que
importar y distribuir textos religiosos está censurado. Los musulmanes que se
convierten son maltratados y discriminados por la sociedad, sin importarles a
las autoridades.
Por Abel Camasca
Fuente: ACI
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