El Cardenal Robert Sarah dijo en una entrevista con EWTN en Roma que los cristianos de Occidente no deben dar por sentada la libertad religiosa y de culto
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| Vatican News |
“Las amenazas contra la libertad religiosa adoptan muchas formas.
Innumerables mártires siguen muriendo por la fe en todo el mundo”, aseguró el
Prefecto Emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos.
El Purpurado explicó que “no se trata de una amenaza abierta, ni
de odio a la fe, sino que se trata de un sesgo implícito contra el
cristianismo”.
En la entrevista, que se emitió en el programa Vaticano de EWTN el
domingo 27 de noviembre, el Cardenal guineano dijo que el Libro del Éxodo, que
narra las 10 plagas, la salida de los hebreos y la destrucción de Egipto,
ocurrió “para que el
pueblo de Dios pudiera tener la libertad de adorarle adecuadamente”.
Por ello, dijo que “la libertad religiosa no debe darse por
sentada, ni comprometerse, ni descuidarse”.
También habló acerca de su último libro, “Catecismo de la vida espiritual”,
su séptimo libro publicado que es una reflexión profunda sobre los siete
sacramentos de la Iglesia Católica y sobre cómo progresar en la vida
espiritual.
Uno de los temas centrales del libro es la importancia de la Misa
y la Eucaristía, donde el Purpurado asegura que “debemos reunirnos para la
Santa Misa y recibir al Señor en la Eucaristía”.
“No podemos olvidar esto: La Eucaristía es la fuente y la cumbre de la vida
cristiana”, subrayó.
Respecto a las restricciones del coronavirus, el Cardenal defendió
que “la democracia liberal requiere debate, pero nunca se puede olvidar o
descuidar la importancia de nuestro culto a Dios en el curso del debate. La
democracia liberal no debe olvidar a Dios”.
Asimismo, dijo que “una vida cristiana debe construirse sobre tres pilares: La
cruz, la hostia y la Virgen María. Estos son los tres pilares sobre los que hay
que construir una vida cristiana”.
Además, explicó que ser Prefecto de la Oficina de Culto Divino del
Vaticano le hizo comprender la importancia de que la liturgia sea un momento
grande y único “para encontrar a Dios cara a cara y ser transformado por él
como hijo de Dios y como verdadero adorador de Dios”.
“La liturgia”, añadió, “debe
ser bella, debe ser sagrada y debe ser silenciosa”.
Advirtió también del peligro de convertir la Misa en un
“espectáculo” o en una mera reunión de amigos, apartando el foco de la
adoración a Dios.
“Animaré a que la liturgia sea cada vez más sagrada, más santa,
más silenciosa, porque Dios es silencioso, y nos encontramos con Dios en el
silencio, en la adoración'', dijo.
“Creo que la formación del pueblo de Dios en la liturgia es muy
importante. Podemos mostrar a la gente la belleza, ser reverentes y guardar
silencio en la liturgia, en la que se profundiza nuestro encuentro con Cristo”,
señaló.
El Cardenal también definió la adoración Eucarística silenciosa
como una oportunidad de encontrar a Cristo de una manera que puede “cambiar
realmente nuestras vidas”.
Sin embargo, al hablar de la sociedad moderna, el Cardenal lamentó que “Dios
ha sido olvidado”.
“Todos vivimos como si Dios no existiera. La confusión reina en
todas partes. Demasiados reducirían nuestras vidas, el sentido mismo de
nuestras vidas, al individualismo absoluto y a la búsqueda del placer fugaz”,
añadió.
Ante ello, defendió que “los cristianos deben responder volviendo
a los fundamentos de la fe.
Requerimos un retiro del mundo, retirarnos al desierto, donde
podamos volver a aprender los fundamentos, lo básico: el monoteísmo, la
revelación de Jesucristo, nosotros y Dios, su palabra, nuestro pecado, nuestra
dependencia y necesidad de su misericordia”, explicó.
El Cardenal Sarah dijo que Dios, a través de su Iglesia y los
sacramentos, “nos guía
hacia una relación cada vez más profunda con él. Y todos
tenemos la necesidad de reencontrarnos con su profundo don, que es su amor”.
Señaló que “la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía,
es una de las creencias fundamentales de la Iglesia, sin la cual pierde el
sentido de su existencia”.
“La Iglesia no es una organización social para responder a los problemas de la
emigración o de la pobreza”, continuó. “La Iglesia tiene un propósito divino:
salvar al mundo”, aclaró.
“Si Cristo no habita dentro de la Iglesia, de forma tangible,
visible, sacramental, entonces ¿qué buena noticia tenemos que ofrecer al mundo?
¿Cuál es el sentido de la evangelización?”, se preguntó a continuación.
“Cuando los cristianos se olvidan de por qué son cristianos, la
comunidad entra en decadencia. Olvidan el Evangelio y pierden de vista su
propósito”, señaló.
Además, el Cardenal Sarah dijo que la guerra espiritual es la
misma de siempre, aunque muchos obispos y sacerdotes hayan dejado de recordar a
los católicos su realidad. "Nuestra arma en esta guerra es la palabra de Dios”,
explicó.
“Es necesario dirigirse a Dios cada día, no sólo para consolarse
en medio de las adversidades mundanas, sino porque dependemos totalmente de él
en la lucha cósmica. Todos estamos en guerra, lo reconozcamos o no. Es bueno
que todos tomemos conciencia de ese hecho, y nos aseguremos cada día de luchar
del lado de Dios”, dijo el Cardenal
El libro, “Catecismo de la vida espiritual”, pretende ser una
respuesta a la “confusión de estos días, fuera e incluso dentro de la Iglesia”,
explicó.
“Vi la necesidad de representar algunas reflexiones sobre nuestro
progreso espiritual en nuestra vida espiritual: el progreso en nuestra relación
personal e íntima con Jesucristo”, explicó a continuación.
Añadió que espera que su libro responda a “una profunda necesidad de nuestro
tiempo”.
“Cada uno de nosotros debe esforzarse, continuamente, por
acercarse a Jesucristo, por volver a su Palabra y a la sencillez de la fe en su
autorrevelación. Es la sencillez del desierto, del reconocimiento de nuestra
dependencia de Dios, y del encuentro con él y con el don de su amor y de su
gracia, por el que nos configuró a sí mismo”, concluyó.
Traducido y adaptado por Almudena Martínez-Bordiú. Publicado originalmente en CNA
Fuente: ACI Prensa
