Un viejo dicho asegura que nadie es profeta en su tierra. Algo que puede ser verdad, si tenemos en cuenta lo que le ocurrió al propio Cristo.
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| Foto: Pixabay. Dominio público |
Para
hablar de fe a los conocidos y no fracasar en el intento es importante saber
antes algunas cosas. La divulgadora Kendra Von Esh enumera en Catholic Stand una serie de puntos para
que los más cercanos no echen a correr cuando se pronuncia la palabra Dios.
Saber de dónde parte cada uno
Kendra
empieza su artículo asegurando que la fe es un regalo y por ello se debe
conocer muy bien en qué
punto del camino se encuentra cada uno.
La
autora confiesa que uno de los primeros errores que cometió al volver a la
Iglesia fue "querer convertir a todos", aunque a la gente no le
interesara en absoluto. Hay casos, apunta, en el que hablas hasta que la otra
persona está a punto de explotar, y esta nunca llegará a absorber nada. La
divulgadora invita a discernir muy bien cuándo y cómo compartir la fe con
alguien.
La
divulgadora comenta que, al principio, cuando ella hablaba a todo el mundo de
Dios, en realidad, no
tenía una vida de oración, no conocía la fe católica, y no estaba
familiarizada con la Biblia. Asegura, que solo sabía que Dios existía, en el
lugar en el que un día se confesó después de 26 años alejada de la Iglesia.
Kendra no comprendía entonces lo que supone la verdadera batalla
espiritual y la importancia de tener una vida sacramental.
Aunque
Kendra llevaba una vida de pecado, tenía mucha sed de aprender más sobre la fe
católica. Vivía en una total
contradicción. Hasta que un amigo le hizo ver que decía ser cristiana pero
hablaba muy mal. "Sabía que tenía que cambiar todo en mi vida",
confiesa.
Con
ella como ejemplo, Dios le había mostrado que cada persona tiene un suelo de fe diferente y,
además, que este puede cambiar a diario.
Kendra
fue consciente, también, de que las
personas son libres para aceptar o no el mensaje de Jesús. "Al cristiano
le toca sembrar y a Dios cosechar", comenta.
La
divulgadora empezó a mirar más en su interior y a fortalecer su relación con
Dios. Descubrió que necesitaba su gracia cada día, para vivir como una
verdadera católica.
Intensa vida de oración
Para
Kendra, a todo cristiano se le ha encomendado un ministerio particular. Una
esfera de influencia a su al rededor en la que deberá mostrar a Jesús. Por ello, comenta, se debe anhelar vivir en oración, paz y
discernimiento.
El
católico que quiere evangelizar necesita acercarse a la voz de Dios que se
escucha en la oración y, también, de otras maneras, como en la naturaleza, las
amistades, las Escrituras,
el trabajo, etc.
La
Biblia dice que hay que orar incesantemente todos los días, afirma Kendra. Y,
San Pablo, que hay que hablar y alabar a Dios en todo momento. Si uno quiere
ser evangelizador, necesita tener
una estrecha relación con Dios para que Él pueda hablar por medio de ellos, y
que ellos pidan la gracia de poder hacer lo que Él pide.
No se puede evangelizar
sin tener una intensa vida de oración, asegura tajante Kendra. Y, añade, que
incorporar los sacramentos a
la vida, con la mayor frecuencia posible, es algo muy beneficioso.
Conocer la fe que se profesa
Kendra
recuerda la primera vez que acudió a misa después de muchos años. Al acabar, su
deseo de saber más sobre
la fe le hizo meterse en Internet, y Dios guio sus búsquedas hasta dar
con los Milagros
Eucarísticos. Quedó muy impresionada por la multitud de pruebas que daba
para demostrar que Jesús estaba en la Eucaristía.
Para
la divulgadora, una de las cosas más importante es saber en qué se cree.
Primero se adquiere conocimiento sobre la fe y luego Dios pone la sabiduría en los corazones, afirma Kendra.
Después, el corazón impulsa los pensamientos, las palabras y las acciones.
Si
no se conoce la propia fe, uno se arriesga a tener que hablar de forma
superficial, afirma Kendra. El católico que desea evangelizar debe hacerse como un niño, aprender
sobre la fe y aumentar su relación con Dios todos los días. Cuanto más se aprende, asegura,
hay más confianza y se dicen las cosas con más amor.
Todo
católico, comenta Kendra, debería leer al menos una vez en su vida la Biblia y el Catecismo de la Iglesia.
Y, por qué no, ir familiarizándose con apologetas católicos para aprender de su
fe.
Una vida coherente con la fe
Para
Kendra, la persona dispuesta a evangelizar a sus conocidos debe transmitir
antes, con su propia vida, los
frutos del Espíritu Santo. Un buen católico tiene que apartarse de la ira,
frustración, vergüenza, celos, preocupaciones, ansiedades, insatisfacciones, impurezas,
etc.
Lo
que más evangeliza a los conocidos, señala, es que Dios sea capaz de cambiar las actitudes vitales de una
persona. Es, después de eso, cuando la gente comienza a hacer preguntas sobre
la fe, la paz y la alegría que transmite. Incluso, las personas del entorno
empiezan a cambiar ellas mismas su comportamiento, el lenguaje, etc.
Para
terminar, la divulgadora señala que es necesario amar al que se quiere evangelizar tal
y como realmente es, y estar siempre alegres, algo que solo se logra orando y
pidiendo la gracia de Dios.
J. C.
Fuente: ReL
