La eutanasia y el suicidio asistido quiebran el principio básico milenario de la práctica médica: no hacer daño al paciente.
Foto: Olga Kononenko / Unsplash. Dominio público |
Cuatro razones
Según
la síntesis del documento ofrecida por BioEdge, los argumentos de los facultativos
irlandeses son básicamente cuatro:
-La
muerte asistida es contraria
a los esfuerzos de los psiquiatras y otros profesionales de la salud
mental, y de la propia opinión pública, para la prevención de las muertes por suicidio.
-Los
pacientes vulnerables quedan expuestos a un alto riesgo de solicitar la
eutanasia por el temor a
ser una carga para sus seres queridos o por el miedo a morir con unos dolores inabordables terapéuticamente,
siendo así que existen servicios de cuidados paliativos que pueden hacer mucho
más tolerable el periodo final de la vida.
-Aunque
la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido siempre empieza por los
pacientes con enfermedades teminales, una vez introducidas ambas prácticas lo
más probable (y lo que demuestra la experiencia universal en cualquier país o
estado donde se han autorizado) es que se aplique a grupos cada vez más amplios, de modo que el
número de las personas que piden esa muerte crece considerablemente respecto a
las expectativas iniciales.
-La
introducción de la eutanasia y el suicidio asistido supone un cambio radical en la milenaria
tradición de la práctica médica, que excluye expresamente en sus códigos
éticos la muerte deliberada de un paciente.
La auténtica muerte digna
Al
valorar esta declaración, el doctor Eric Kelleher, psiquiatra asesor del Colegio, recordó que
"morir con dignidad es el objetivo de toda atención médica en el final de
la vida", pero que eso se hace posible "reforzando nuestras redes de cuidados paliativos y
apoyo social".
"El
suicidio asistido y la eutanasia no solo no son necesarios para dignificar la
muerte", añadió, "sino que las propias técnicas empleadas para
producir la muerte producen un
sufrimiento considerable y prolongado".
Allí
donde el suicidio asistido está disponible como servicio público y legal,
concluyó el doctor Kelleher, "muchas peticiones proceden, no de un dolor
intratable, sino de causas como el miedo, la depresión, la soledad y el deseo de no ser una
carga para los cuidadores. Con recursos adecuados, entre ellos
atención psiquiátrica, psicológica, unidad del dolor y apoyo sociales, es
posible una buena atención en el periodo final de la vida".
Fuente: ReL