En la Pre-Cumbre de la ONU sobre Sistemas Alimentarios, inaugurada ayer en Roma, Francisco recordó que es deber de todos "extirpar la injusticia" del hambre en el mundo mediante políticas valientes
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Etiopía, gran parte de la población sufre de malnutrición |
El mensaje del Pontífice fue leído por
Monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los
Estados.
Reto, escándalo, crimen, injusticia: la definición del Papa sobre el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en la era Covid-19 es muy clara. Y lo hace en un mensaje dirigido a Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, con motivo de la pre-Cumbre de la ONU sobre sistemas alimentarios, prevista desde ayer hasta el miércoles 28 de julio en Roma.
El acto se celebra antes de la Cumbre conclusiva
mundial que se celebrará en septiembre en Nueva York (Estados Unidos). Es un
“importante encuentro”, escribe Francisco, sobre todo porque “esta pandemia nos
ha enfrentado con las injusticias sistémicas que socavan nuestra unidad como
familia humana ", entre ellas la pobreza y el daño infligido a la Tierra,
"nuestra Casa Común", por "clama por el daño que le provocamos a
causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en
ella".
Es necesario un cambio radical
De ahí el fuerte llamamiento del Papa a “un
cambio radical”: no basta con centrarse en la tecnología para aumentar la
capacidad del planeta, si el resultado es “explotar la naturaleza hasta el
punto de esterilizarla, ampliando así no solamente desiertos externos sino
también desiertos espirituales internos”; no basta con producir “alimentos
suficientes” si luego muchos “se quedan sin su pan de cada día". No es
suficiente, reitera Francisco, porque "esto constituye un verdadero
escándalo, un crimen que viola los derechos humanos básicos” y “una injusticia”
que todos tienen el deber de extirpar “mediante acciones concretas y buenas
prácticas, y a través de políticas locales e internacionales audaces”.
Sistemas alimentarios sostenibles y
respetuosos con el medio ambiente
Entonces, ¿qué se puede hacer? El Pontífice
ofrece algunas sugerencias concretas: en primer lugar, juega un papel
importante “la transformación cuidadosa y correcta de los sistemas
alimentarios”, para que sean "ambientalmente sostenibles y respetuosos con
las culturas locales”. Su objetivo, en esencia, debe ser " aumentar la
resiliencia, fortalecer las economías locales, mejorar la nutrición, reducir el
desperdicio de alimentos, brindar dietas saludables accesibles para todos”.
Pero el cambio debe empezar desde dentro, advierte Francisco, porque el
objetivo de "hambre cero" no se consigue con la mera producción de
alimentos, sino “necesita una nueva mentalidad y un nuevo enfoque integral y diseñar sistemas alimentarios que protejan la
Tierra y mantengan la dignidad de la persona humana”.
Restablecer la centralidad del sector
agrícola y rural
En segundo lugar, prosigue el mensaje
papal, hay que garantizar “suficientes alimentos a nivel mundial” y promover
“el trabajo decente a nivel local" para poder alimentar al mundo de hoy
"sin comprometer el futuro". Otros puntos esenciales indicados por el
Papa se refieren al restablecimiento de la centralidad del sector rural y a la
urgencia de que “el sector agropecuario recupere un rol prioritario en el
proceso de toma de decisiones políticas y económicas”, especialmente en la fase
post-pandémica. En particular, Francisco insta a considerar "a los
pequeños agricultores y a las familias campesinas” como “actores
privilegiados", cuyos conocimientos tradicionales “no deben pasarse por
alto ni ignorarse” para comprender mejor sus necesidades reales.
La familia, componente esencial de los
sistemas alimentarios
Por el contrario, el Papa subraya que
"la familia es un componente esencial de los sistemas alimentarios"
porque en ella “se aprende a disfrutar el fruto de la tierra sin abusar de él y
se descubren las mejores herramientas para difundir estilos de vida respetuosos
del bien personal y colectivo”. Por lo tanto, las necesidades de las
mujeres rurales, los jóvenes y los agricultores de las zonas "más pobres y
remotas" deben satisfacerse plenamente mediante políticas eficaces. Somos
conscientes – afirma el Papa - de que los intereses económicos individuales,
cerrados y conflictivos - pero poderosos - nos impiden diseñar un sistema
alimentario que responda a los valores del Bien Común, a la solidaridad y a la
“cultura del encuentro”. Si queremos mantener un multilateralismo fructífero y
un sistema alimentario basado en la responsabilidad, la justicia, la paz y la
unidad de la familia humana es primordial.
El sueño de Francisco: que nadie quede
atrás
Además, el sueño que todos tienen "la
responsabilidad de realizar", escribe Francisco, es el de “mundo en donde
el pan, el agua, las medicinas y el trabajo fluyan en abundancia y lleguen
primero a los más menesterosos”. “La Santa Sede y la Iglesia católica – asegura
- se pondrán al servicio de este noble fin, ofreciendo su contribución, uniendo
fuerzas y voluntades, acciones y sabias decisiones”. “Pido a Dios que nadie
quede atrás, concluye el mensaje papal, y que toda persona pueda hacer frente a
sus necesidades básicas”, para " construir una sociedad pacífica y
próspera, y sembrar semillas de paz que nos permitan caminar en autentica
fraternidad”.
Ciudad del Vaticano
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