Las hermanas, pese a vivir tras las rejas de una clausura no son ajenas a los problemas de nuestro tiempo.
![]() |
| Dominicas de clausura de Las Dueñas |
La
de Sor María Eugenia es
una vida dedicada al Señor. Con 77 años, lleva 60 en el convento de las
Dueñas (Salamanca) perteneciente a la Orden de clausura de las Dominicas. Se levanta de madrugada, realiza
sus labores de repostería para mantener el convento y sobre todo, reza. “Por todos,
sin ninguna distinción, porque personas buenas las hay en todos los sitios”, cuenta a El Español-Noticias
de Casilla y León.
En el mismo convento desde los 17 años
“Llevo
60 años en este convento y puedo decir que la vida religiosa merece la pena y que soy muy feliz”,
afirma. “Entonces eran otros tiempos, éramos un grupos de chicas en Palencia
que éramos amigas y sentimos la llamada de Dios y por eso quise ordenarme para
servir al Señor, entonces había muchas más vocaciones que ahora”.
“En
mi caso siempre he vivido
en este convento, dado que lo normal en la vida de clausura es quedarse
para siempre en el convento donde se ingresa, salvo que hagas falta en otro
convento donde hay pocas monjas y te manden allí”.
Sor
María explica que, como las otras 21 hermanas con las que convive, todas tienen
la elevada misión, pese a su aparente sencillez, de “llevar una vida dedicada
al Señor. Una vida de oración para rezar tanto por nosotras como por todas las personas que están
en el mundo”..
Los pilares de Las Dueñas: oración, trabajo y
repostería
“Después
de levantarnos a las seis
y de rezar y de dar gracias a Dios, celebramos la Eucaristía, cada una
arregla su celda y luego cada hermana realiza el trabajo que tiene asignado. El principal trabajo que hacemos
es la repostería, aunque este último año, debido al coronavirus, no han
venido muchas personas a comprar dulces”, señala.
Y
es que las hermanas, pese a vivir tras las rejas de una clausura no son ajenas a los problemas de nuestro
tiempo.
Gracias
a una televisión, que usan “para que puedan ver la misa del domingo las
hermanas más mayores que no pueden bajar a rezar”, reciben noticias del
exterior. “Estamos al tanto de
lo que pasa en el mundo, por ejemplo ahora con todos los problemas que hay
en Cuba”.
También
tienen un ordenador, que lo utiliza la hermana que se encarga “de llevar la
administración y las cuentas”, una de las pocas que sale al exterior cuando es
necesario ir al banco. Los
teléfonos móviles son la excepción en el convento, y las salidas al
exterior se limitan a “visitar al médico cuando se pone enferma alguna
hermana”.
Después
de toda una vida tras una clausura, y pese a las dificultades que esto
conlleva, Sor María concluye la conversación alegre y reitera: “la vida religiosa merece la pena”.
