Fray Miguel Gutiérrez ha sido misionero carmelita en África durante 50 años: 45 en la República Democrática del Congo, 3 años en la Costa de Marfil, un año en Camerún y otro en Ruanda.
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| Fray Miguel Gutiérrez. Dominio público |
Ha
visto como en misiones surgían dispensarios, escuelas e iglesias, formación y
sacramentos, pero cree que hoy
se requiere -en África y en todo el mundo- una "segunda
evangelización" centrada en la intimidad con Dios, el trato cercano a
Él.
Con miles de refugiados
"Sin
duda el genocidio de Ruanda ha sido la experiencia más triste que yo he vivido,
y después cuando miles y miles de hutus vinieron al Congo", explica en AstorgaDigital. "En
mi parroquia de Chiriri teníamos
dos campos de refugiados, con miles y miles de refugiados. Los Padres
Mercedarios de Salamanca les atendían muy bien".
Entre
sus experiencias felices como misionero, recuerda "construir una iglesia,
un colegio, o un centro de salud, dar agua a la gente, darles luz
eléctrica..."
Explica
que el agua, las escuelas
y los dispensarios fueron llegando a muchos sitios, pero la electricidad tardaba mucho más.
"Todos
a una -católicos, musulmanes, protestantes y paganos- pedían la electricidad.
Con la ayuda de Manos
Unidas y el trabajo y la cooperación económica de todos se pudo llevar la luz a 25
poblaciones. Todos estaban muy contentos. Pusieron molinos, cocinas
eléctricas, televisiones… Era el año de 1995 y cuando jugaban el Barça y el Real Madrid todo el
mundo estaba pendiente de la televisión".
Los inicios: el gran boom de
catequistas
Fray
Miguel llegó al Congo en 1966, seis años después de independizarse de Bélgica,
y se formó en su primer año con los
Padres Blancos. "Ellos eran y son grandes misioneros. Fue un
noviciado misionero para mí", recuerda.
Al
inicio, la parroquia tenía sólo 10 catequistas, y todo dependía demasiado de
los clérigos. Pero poco a poco más y más laicos empezaron a formarse y
participar. "Después, sólo
en una parroquia teníamos más de 500 catequistas, y la mayor parte
mujeres", explica satisfecho.
"El
pueblo cristiano tiene que considerar a la Iglesia como una cosa propia. Se
mira lo espiritual, las escuelas, los centros de salud, conseguir agua y luz
para la población… Se ha dado un cambio radical".
"Los
mismos Padres Blancos nos iniciaron hacia este cambio. Cierto día, en un árbol, había un letrero que decía: “El
señor obispo vendrá a las 6:00 am para cultivar y él traerá su propia azada.
Traer todos una azada. Después se harán reuniones con la comunidad. Y
más tarde confesiones, la eucaristía, y que las mujeres preparen comida para
unas 300 personas. Y después habrá juegos y baile”, recuerda.
700 adolescentes refugiadas en la
parroquia
Trabajar
con jóvenes estudiantes en los años 60 en el Congo no era fácil, ni tampoco
hoy.
"En
1996 con la llegada al poder
del Presidente Laurent Kabila (padre), tuve que salir con 15 filósofos de
Bukavu hasta Camerún. Y fuimos muy bien recibidos por los religiosos
de todas las congregaciones, y sobre todo por los Carmelitas italianos",
explica, recordando una experiencia de exilio.
Fray
Miguel señala que la causa de la escasez de vocaciones religiosas en Occidente
es la combinación de baja natalidad ("con un hijo o dos no se puede mandar
a misiones") y la desacralización de la sociedad.
Pero,
al mismo tiempo, constata el crecimiento de la vida consagrada en África. "En 1970 los Carmelitas
Descalzos éramos 36 en toda África. Hoy día son más de 600 y en 23 naciones. Y
así todas las congregaciones".
La segunda evangelización: el Dios
cercano, íntimo
"En
las misiones se han dado todos los sacramentos, se ha hecho mucho, pero les falta interioridad. Sería una segunda evangelización,
hacer un Dios cercano, íntimo. Los Carmelitas Descalzos donde fundamos una
parroquia fundamos también una Casa de Espiritualidad. Los obispos piden
Religiosas Contemplativas también", señala el fraile carmelita.
"Mi
principal tarea hoy día consiste en rezar
para hacer hombres interiores en África y en todas partes",
añade.
Fuente: ReL
