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| Pablo, hermano menor de Rubén, sacerdote muerto en la explosión |
EFE,
agencia pública de noticias de España y la más importante de lengua hispana, ha
entrevistado a este sacerdote, que recuerda que su hermano Rubén estaba
íntimamente vinculado a esta parroquia de la Virgen de la Paloma, cuna de numerosas vocaciones de todo tipo.
Allí fue bautizado, hizo
la comunión y la confirmación, estuvo destinado como seminarista, y más tarde
como diácono y presbítero.
"Rubén
y yo hemos compartido habitación hasta que yo entré al seminario. Siempre nos hemos peleado y nos
hemos reconciliado. Nos ha unido el vínculo del sacerdocio", agrega.
Aunque Pablo es dos años menor que su hermano, Rubén se resistió a su vocación
sacerdotal por no hacer lo mismo que su hermano pequeño. Pero acabó viendo que
Dios le llamaba a entregar así su vida.
El milagro y el consuelo de las familias
El
padre Pablo tuvo la “gracia” de poder despedirse junto a su familia de su
hermano en el hospital antes de fallecer. Le pudo dar la unción de enfermos y
la indulgencia plenaria. Rezó a su lado y pudo besarle antes de que les dejara.
Y junto a ellos sus padres y hermanos. “En este tiempo del Covid para mí eso fue un milagro,
que pudiéramos pasar, estar con él, darle un beso....”, asegura.
De
este modo, este joven sacerdote afirma convencido que “nosotros tenemos la certeza de que si todavía no están en el
cielo, pronto lo estarán. Y eso es lo que nos consuela a todos. A la
familia de Sara, a la de David…”.
Porque
asegura que “sin la fe que
nosotros tenemos en que Cristo ha vencido la muerte, que ha resucitado, sin la
fe, la muerte es el infierno”. Y más precisamente en la situación
actual del mundo con tanta gente muriendo sola por el Covid. Por ello, asegura
que todos estos meses en la parroquia “hemos rezado por ellos, por los
feligreses que están muriendo, amigos, gente cercana… es una palabra desde la
fe”.
Además, el padre
Pablo ha querido acordarse de los otros dos fallecidos, un trabajador que
pasaba por la calle y otro hombre que se dirigía a Cáritas a solicitar ayuda.
“Estamos rezando por ellos, no nos centramos sólo en lo nuestro. Lo que hemos aprendido es la
generosidad de entregarnos a todos, esto es lo que hemos vivido en la
Iglesia".
Profundizando
más en estas preguntas existenciales, el hermano del fallecido insistía en que
“sin esta fe esta muerte no tiene sentido, pero para nosotros la muerte tiene el sentido de que van a estar con
Cristo, que van a estar con el Padre, que van a estar sosteniéndonos”.
"Se puede vivir con alegría"
Recordando
a las mujeres e hijos de dos de los fallecidos cita la Escritura: “el Señor no abandona al huérfano
y a la viuda”. “Van a estar profundamente confortados. Se lo decía a
la familia de Sara y de David, que son a los que conozco: ‘estoy para lo que
necesitéis’. Yo he visto que el Señor me ha dado una entereza que no viene de
mí”, agrega el padre Pablo Pérez.
Además,
hace una exhortación para todos, para los que han sufrido el accidente pero
también para los que viven este tiempo de pandemia: “Apoyados en la resurrección del Señor este sufrimiento se puede
vivir con alegría”.
“Van
a decir, ¿este hombre está loco? ¿Está diciendo que con alegría? Pues sí, con la alegría de que
Cristo vive, de que Cristo ha pasado por lo mismo que nosotros, que Cristo
ha muerto y que Cristo ha resucitado”, cuenta poco después de haber enterrado a
su hermano.
Pablo
Pérez Ayala específica que las familias “estamos tristes en la carne, es decir, no voy a volver a besar
y a abrazar a mi hermano, pero estamos alegres de que ya está con el Padre, aunque
no lo pueda asegurar porque no estoy allí, pero lo pienso. Si no lo están,
pronto lo estarán”.
Así vivió el trágico suceso
En
cuanto al suceso de la explosión, Pablo afirma que estaba en su casa cuando
recibió una llamada preguntándole por su hermano. Él no tenía ni idea de qué había ocurrido, fue entonces cuando
supo que había explotado el edificio parroquial.
“Me vestí, salí
corriendo para allá y me encontré en la glorieta a los padres de Sara, la viuda
de David. Estuvimos combatiendo, viendo a ver qué pasaba. No pudimos acceder a
la zona de la Paloma, como es lógico y estuvimos juntos rezando”, relata este joven
religioso.
En el
mismo lugar de los hechos les dijeron que su hermano Rubén había salido por su
propio pie con quemaduras en la pierna y en el abdomen, por lo que en cierto
modo se quedaron algo más tranquilos. Sin embargo, “resultó que no había salido
por su propio pie. Había
salido solo pero nos dijeron que parece ser que arrastrándose. Nadie
sabe cómo”.
El
padre Pablo también cuenta que los médicos les dijeron que su hermano debía
haber llegado muerto al hospital debido a la gravedad de las heridas. “Tu hermano es muy fuerte, ha
estado luchando sin parar”, le dijeron.
En
todo momento la oración fue lo que sostuvo a
Pablo y a las familias de estas dos víctimas de la parroquia. De camino al
hospital recuerda ir rezando el Rosario con la gente que le acompañaba e “iba diciendo a la Virgen María
que le ayudara”.
En el
hospital quiso darle la unción de enfermos, y aunque le dijeron que sería el
capellán, se empeñó en impartir este sacramento a su hermano. “Recé el Ave María, puede que
rezara 1.000 avemarías en ese momento diciendo: ‘que pueda pasar a verlo’. Le
pude dar la unción de enfermos, la indulgencia plenaria y pudimos despedirle
toda la familia”.
