En el convento, los sábados por la mañana, los dedicamos a
la limpieza. Como toda la casa está repartida por oficios, pues cada grupo
acude al suyo y así entre todas queda la casa limpia.
La verdad es que no soy muy “tiquismiquis” de la limpieza,
pero sí que reconozco que, cuando limpio, me gusta que todo quede bien. Y es
que últimamente me vengo fijando en que siempre, el mismo día después de
limpiar el refectorio, me voy encontrando alguna cosa que no ha quedado bien:
que si la marca de la fregona en esas baldosas oscuras, que si esa mancha que
además está justo ahí, en todo el medio, para que todas la vean, que si aquella
telaraña que...
Y, qué impresionante, porque la conclusión que vengo sacando es que nunca queda “perfecto”, siempre se encuentra “un algo” que llama mucho más mi atención que todo lo demás que está bien limpio.
Al final me hacía gracia porque el Señor, que está hasta
entre las escobas, me decía: “Si lo que buscas es la perfección, nunca te
quedarás tranquila, porque siempre habrá algún fallo; tu corazón solo
descansará cuando, al hacer cualquier cosa, solo busques amar”.
Y es que cuántos trabajos resultan exigentes, cuántas tareas
pueden volver a uno perfeccionista... pero todo ello intranquiliza, agobia y,
al final, nos ponemos metas que resultan inalcanzables.
Sin embargo, Cristo nos ha regalado una meta alcanzable para
todos. Y es alcanzable para todos porque es Él quien ha corrido la carrera y
quien ha ganado para nosotros el premio, que es el Amor, y con ese premio
comenzamos nuestra andadura cada día. Cristo nos ha regalado salir victoriosos
con Él, y cada día le gustaría que lo viviéramos desde ese podium, sintiéndonos
amados por Él y dispuestos a compartir ese amor con todos los que nos rodean.
¡Qué gran Paz trae el amor sobre la persona que ama! Las
cosas podrán salir mejor o peor, pero seguro seguro que el día se convierte en
una aventura, y que al final de la jornada, el corazón está lleno de
agradecimiento y de amor.
Hoy el reto del amor es que en cada tarea busques tan solo
amar al Señor y a los demás. Despreocúpate de perfeccionismos o de la opinión
de los demás. ¡Apuesta por el Amor!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
