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| Celine Nadeau |
Aunque en estado de ruina todavía se conserva su portada plateresca, y en
su interior su claustro de doble arcada con columnas de granito. Al verla un
aire de misterio y paz envuelven el convento junto a las numerosas aves que la
anidan, como: cigüeñas, palomas y cernícalos.
Pero hay algo más misterioso. Son las leyendas que las envuelven:
Otra leyenda cuenta sobre una monja llamada María, que habitó en el
convento a principios del siglo XX. Cuando la religiosa falleció estuvo sudando
tres días después de muerta. Las religiosas comunicaron enseguida al arzobispo
que, por varios motivos, no pudo llegar hasta el convento, y tuvieron que
enterrar a sor Maria.
Pasaron quince años hasta que llegaron desde el arzobispado de Toledo y
exhumaron sus restos. Al hacerlo vieron atónitos que en el cráneo de la
religiosa había una cruz bien marcada y por más que frotaron para eliminarla no
pudieron hacerla desaparecer.
Inmediatamente el arzobispo se llegó al lugar y tras comprobar el prodigio
dijo que lo sucedido era debido a que sor María “no había perdido la
gracia bautismal”. Posteriormente, el cuerpo de la religiosa volvió a
ser enterrado y su cráneo fue colocado en la capilla principal del convento
como reliquia piadosa, hasta que debido a la Guerra Civil Española las monjas
tuvieron que dejar el lugar y la “reliquia” desapareció.
Más allá de
su deterioro el convento sigue siendo magnifico y espera por alguien que pueda
devolver vida a estos muros.
Fuente: Aleteia
