Sigue la ruta
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Tenía que ir a
abrir la iglesia y, después, hacer otras cosas fuera de la sacristía. Abrí la
iglesia. Luego vi un mantel un poco arrugado y decidí plancharlo. La plancha
manchaba y le quité la cal, pero al abrir el armario para coger un trapo
resultó que las botellas del vino de consagrar estaban vacías. Cogí el embudo y
me puse a llenarlas desde las garrafas.
Una cosa detrás
de otra… Parecían no tener fin. Todas eran necesarias, pero al final no llegué
a hacer lo que tenía previsto.
Es fácil perder
la ruta. Sabemos a dónde tenemos que llegar, aparecen muchos otros destinos y
vamos posponiendo el que realmente era necesario. Me recuerda a la montaña, en
esas rutas en que tienes que ir buscando marcas en los árboles de un
determinado color para llegar a la cima. Salirte de ella te puede llevar a
perderte o aparecer en otro sitio.
Sabemos que,
cuando Cristo ocupa el centro, vivimos de otra manera; que dedicarle un tiempo,
salir a buscarle y permanecer con Él nos cambia por dentro y da sentido a todo
lo demás.
Pero aparecen
los “ya que estoy…”, “podría ir un rato a…”, “¿y si llamo a…?”. Es precisamente
en ese momento cuando se nos ocurren miles de tareas. El problema no está en
las tareas, sino en permitir que ocupen el lugar del destino.
Tener una ruta,
un objetivo que esté por encima de todos los demás, ordena la vida y hace que
todo camine en esa dirección. Cuando Cristo es ese destino, lo demás encuentra
su sitio y deja de ser un desvío para convertirse en parte del camino.
Jesús nunca
dejó que lo urgente desplazara lo esencial. No rechazaba las necesidades de la
gente, pero siempre actuaba desde una prioridad clara: hacer la voluntad del
Padre. Por eso buscaba momentos de oración.
Hoy el reto del
amor es que ahora pongas como tu destino a Cristo y establezcas la ruta que te
llevara a Él.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
08 julio 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
