“Chorisalchi”
Hace unos días vino el carnicero
del pueblo y nos regaló unos kilos de “chorisalchi”. ¿Y eso qué es?, te
preguntarás. Te cuento: por fuera son chorizos totalmente (y el color es rojo
de chorizo), pero por dentro se equivocó y metió carne de salchicha... así que,
cuando los ves, parece que te vas a comer un chorizo, pero luego en la boca
sabe a salchicha.
Todos los días, cuando los
ponían, me alegraba un montón de ver un buen chorizo, pero luego, cuando los
comía y sabían a salchicha, me daba la risa. Y este es el motivo por el que les
llamamos “chorisalchis”. La verdad es que lo sentimos por el carnicero, que se
equivocó... pero ha sido una gran alegría, ¡porque estaban buenísimos!
Nuestra percepción es muy pobre
comparada a la vivencia. Y esto es lo que nos pasa con Cristo. Ya Benedicto XVI
nos lo dijo: el cristianismo empieza cuando hay un encuentro con Cristo.
Y es verdad. Nos pueden contar
mil cosas de Jesús, cómo es, cómo predicaba, lo que hacía... y todo esto está
bien, pero, hasta que no entra en mi vida de una forma vivencial, no se hace
real para mí. Entonces deja de ser una teoría para ser vida.
Te pueden decir que Cristo ha
dado la vida por ti, que ha muerto y resucitado por ti, pero, mientras no
sientas en tu ser que Él muere por tu pecado y que lo resucita, no será real
para ti.
Jesús no es una cosa y luego
otra; no es apariencia, sino realidad, y para ello tienes que tener tu propia
vivencia. No vale con que te lo cuenten, tienes que buscar el rostro de Cristo.
Jesús nos dice que el que busca encuentra. Y, cuando este encuentro con Cristo
se da, tu vida se transforma, todo cambia en tu interior; las circunstancias
pueden ser las mismas, pero ya todo es diferente. La felicidad es continua;
esto no quiere decir que las cosas sean fáciles, sino que tu fe hace que las
cosas sean posibles.
Hoy el reto del amor es entrar en
una iglesia, sentarte en el primer banco y decirle al Señor que quieres que tu
fe sea vivencia, que le quieres conocer no por lo que te cuentan, sino porque
le experimentas; que quieres vivir en ti su Salvación, que su muerte y
Resurrección se hagan vida en ti.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
