Estoy cuidando un nuevo bonsai en
mi celda. El problema es que no tengo ni idea de qué especie es... así que voy
“adivinando” lo que necesita por sus reacciones. Parece una tontería, pero el
pobrecito es muy sensible: por menos de nada, ¡arruga todas las hojas y se pone
feísimo!
Y así es como está ahora. Por más
vueltas que he dado, solo he encontrado una explicación: aunque lo tengo en mi
celda, ¡tiene frío!
Visto lo visto, he tenido que
pedir asilo, y trasladarle a la sala de trabajo, donde hay gloria y el clima es
mucho más agradable.
-Menos mal que eres un bonsai...
-dije mientras le transportaba- Si llegas a ser un árbol grande, ¡a ver qué
hacíamos contigo!
Sentí que el Señor me invitaba a
ser como ese bonsai, pequeño, que se deja transportar... porque confía en que
todo es para su bien.
¿Y qué pasaría si fuese un árbol
grande, con las raíces firmemente agarradas al suelo? Cristo nos ha dado la
respuesta: en ese caso, no arrancaría el árbol, pues no le gusta obrar con
nosotros a la fuerza... Lo que haría sería salir a la intemperie con él,
quedarse a su lado, compartir su suerte. ¿Acaso no es eso lo que hizo al morir
en la Cruz? Quiso compartir en todo nuestro destino... para regalarnos el Suyo.
Querido árbol, ni el tamaño de tu
tronco, ni tus raíces... nada podrá hacer que Cristo te quiera menos: ¡Él ya te
ama hasta el extremo! Pero, cuanto más pequeño te haces, cuanto más te dejas
llevar por Él, ¡más disfrutas! El Reino de los Cielos empieza aquí...
Hoy el reto del amor es ponerse
en las manos de Cristo. Bueno, seamos más concretos: ¿Qué tal... poner tu
agenda en Sus manos? Deja que Jesús guíe tu día. Si hay imprevistos, piensa que
es un “movimiento” del Señor; si algo no sale, es que Él quiere llevarte a otro
lado; y si todo va bien, ¡disfruta! Pase lo que pase, tu corazón descansará,
pues sabes que vas en manos de una Persona que te ama. ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
