El 27 de septiembre de 1970 Pablo VI rompió con la tradición de no nombrar
a ninguna mujer como doctora de la Iglesia. Lo hizo con santa Teresa de Jesús
y, una semana después, con santa Catalina de Siena
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| El Papa San Pablo VI durante la proclamación de la Santa como Doctora de la Iglesia. Foto: ABC |
Unas palabras
del apóstol que fueron utilizadas a lo largo de los siglos para no nombrar a
ninguna mujer como doctora de la Iglesia. El Papa deshizo esta tradición el 27
de septiembre de 1970 con Teresa de Ávila, y una semana después con santa
Catalina de Siena –posteriormente Juan Pablo II nombraría a santa Teresita de
Lisieux y Benedicto XVI a santa Hildegarda de Bingen–.
Sin embargo,
la santa abulense «ya venía siendo considerada doctora, extraoficialmente,
mucho antes de su declaración». «Pablo VI lo que hace es reconocer algo que el
pueblo cristiano ya había concedido», asegura Jorge Zazo, vicario de Acción
Pastoral de la diócesis de Ávila. «Prueba de ello son las representaciones
artísticas que hay de santa Teresa tocada con el birrete de doctora y que
proliferan en los siglos XVII, XVIII y XIX. Es decir, que lo que hizo la
Iglesia fue reconocer lo que el Espíritu Santo ya le había dictado al pueblo de
Dios», explica el que fuera también coordinador del V Centenario de Santa
Teresa.
Ante
semejante hito, la diócesis de Ávila celebrará la efeméride este domingo, 27 de
septiembre, con una conferencia a cargo del doctor Juan Antonio Marcos sobre
Teresa de Jesús: un verbo irregular seguida de una Misa a las 18:00 horas en la
catedral de Cristo Salvador. Además, se presentará el congreso internacional
Santa Teresa de Jesús, mujer excepcional. 50 aniversario del doctorado, que
tendrá lugar en la Universidad Católica de Ávila (UCAV) del 12 al 15 de abril.
Con todo
ello, Zazo espera «que la gente lea a santa Teresa, porque de nada sirve tener
una santa con el birrete de doctora si uno no lee sus libros». De su obra, el
vicario destaca el Solo Dios basta, porque «en estos tiempos de desasosiego es
importantísimo recordar la absoluta primacía de Dios». O el En tiempos recios,
amigos fuertes de Dios, que «nos habla de cómo la amistad con Jesucristo fue la
clave de la vida y de la espiritualidad de santa Teresa». Finalmente, una frase
del Libro de la vida: «Grandes males se evitarían el día que nos deje de
preocupar lo de que nosotros piensen los hombres y nos empiece a preocupar lo
que de nosotros piensa Dios».
Una adelantada a su tiempo
«El congreso de abril ahondará en las
facetas de santa Teresa como reformadora, como mujer consagrada, como gran
escritora y como mística», asegura María del Rosario Sáez, rectora de la UCAV y
anfitriona del evento. A nivel personal, Sáez destaca de la santa lo
«adelantada que estaba para su tiempo» y reconoce que es «un modelo que imitar
por cualquier mujer». En el siglo XVI «la mayoría no sabían leer ni escribir, y
ella llega a ser una gran mística y una maestra de oración». Sin embargo,
«santa Teresa compagina la contemplación con su compromiso ante los problemas
sociales de la época».
José
Calderero de Aldecoa
Fuente:
Alfa y Omega
