Este 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la
Virgen, es especial en Polonia, y también para los que investigan la huella protectora de María en la historia
de Europa: se celebran cien años del llamado “milagro del Vístula”, un
momento clave de la historia del continente
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La Virgen en lo alto, el joven padre Skorupka y los scouts adolescentes
cargando:
cuadro clásico de 1930 de Jerzy Kossack que recoge todos los elementos
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Hace cien años, el Ejército Rojo de la Unión
Soviética, después de la Revolución y llevando las de ganar en la Guerra Civil
rusa, invadió Polonia y llegó,
el 13 de agosto, a Óssow, un pueblecito a diez kilómetros de Varsovia.
Era un ejército
de veteranos endurecidos y
animados por sus victorias. Su objetivo era ocupar Polonia y, después,
extender la revolución comunista por toda Europa Oriental, quizá incluso hasta Berlín y más
allá, en un continente debilitado, troceado y desorganizado tras la
Primera Guerra Mundial.
Frente a ellos, en Varsovia, no había buenas tropas: los soldados polacos
más experimentados estaban maniobrando lejos de la capital, intentando una
maniobra envolvente. A defender Varsovia se habían quedado jóvenes scouts, estudiantes y voluntarios sin
formación militar, que de hecho habían sido reclutados simplemente
para realizar tareas de orden y logística.
Y sin embargo, estos jóvenes sin experiencia de combate ni entrenamiento
resistieron a los veteranos del Ejército Rojo y lo hicieron huir. Resistiendo
asombrosamente el 14 y 15 de agosto, posibilitaron el contraataque que derrotó
a los soviéticos y salvó Europa Oriental.
Mateusz Solinski, en un artículo
en PolskiMagazyn.uk, detalla los elementos marianos y religiosos que
enmarcaron la guerra y sus hechos.
Un nuevo país de gran devoción
mariana
Con la caída del Imperio Ruso, la derrota del
alemán y el desmantelamiento del Imperio Austro-húngaro al acabar la Primera
Guerra Mundial, nacía un
nuevo estado, Polonia, en guerra con el Ejército Rojo desde febrero de 1919. En
1920 parecía claro que los comunistas iban ganando. El país se movilizó,
especialmente desde lo espiritual.
El 19 de junio de 1920, en la Plaza de la Ciudad
Vieja de Varsovia, Polonia fue encomendada al Sagrado Corazón de Jesús ante las
autoridades eclesiales y estatales.
En julio, los obispos, reunidos en el santuario mariano de Jasna
Gora, encomendaron el país al Corazón de Jesús y proclamaron
solemnemente a María como
Reina de Polonia.
El 6 de agosto (fiesta de la Transfiguración) se convocó al país a una
novena de oración por el país que acabaría el 15, día de la Asunción de la
Virgen. El Papa Benedicto XV animó a orar pidiendo un milagro para Polonia.
El avance comunista, con ambiciones
más allá
Viendo acercarse a los rojos, huyeron de Varsovia todos los
embajadores, excepto el Nuncio vaticano (quien sería el futuro Pío
XI).
Los obispos polacos pidieron oración a todos los
católicos del mundo en una carta elocuente: “el bolchevismo, que ha
‘envenenado’ y saqueado Rusia, se está dirigiendo amenazadoramente hacia
Polonia […]. Para el enemigo que lucha contra nosotros, Polonia no es el último destino de
su marcha; es más bien un escenario y una plataforma de lanzamiento para
conquistar el mundo. […] Polonia es la última barrera en el camino del
bolchevismo hacia la conquista del mundo. Si se derrumba, el bolchevismo se
extenderá por todo el mundo, con todo su poder destructivo”.
En Italia, el periódico socialista Avanti! se reía de las oraciones del Papa
Benedicto XV con estas palabras: “El Papa confía en la intercesión de la Virgen. (…) ¡Va
listo el pontífice romano si cree en la eficacia de la Virgen! Tres millones de
soldados visten el uniforme ruso. (…) Estos soldados y sus cañones valen mucho
más que todos los rosarios del mundo”.
En realidad, en Polonia no había 3 millones de
soldados rojos, sólo 800.000, aunque mucho más veteranos y entrenados que la
inmensa mayoría de los defensores polacos.
El inglés Lord Edgar D’Abernon, miembro de una misión
anglo-francesa en Polonia, escribió que no se podía caminar por Varsovia porque había una procesión en cada
calle. El 8 de agosto se trajeron a la capital las reliquias de los beatos Andrés
Bobola y Wladislaw de Gielniow, y los fieles acudían a rezar ante ellas.
Los generales que rezaban a la
Virgen
También abundaba la devoción mariana entre los
generales polacos. El general Józef
Haller, miembro de un sodalicio de la Virgen María, un año antes de empezar la
guerra había ido en peregrinación a Jasna Góra con todos sus soldados.
Sus discípulos llevaban una imagen de la Virgen de Czestochowa en sus
estandartes.
El mismo Mariscal Pilsudski, máxima autoridad polaca, vencedor de la guerra y
verdadero fundador de la nueva Polonia, rezaba cada día a la
Virgen de Ostra Brama (al menos según recoge la prensa
afín) y la imagen de esta advocación, ligada a las murallas de Vilna, se grabó
en su urna funeraria.
En dos lugares se frenó a los rojos
La ofensiva bolchevique a las puertas de Varsovia
se frenó en dos lugares: en Ossow en 14 de agosto, y en el pueblo de Wólka
Radzyminska el 15 de agosto.
En Ossow, los veteranos fusileros rojos de Witold Putna, llamados “la
División de Hierro”, se enfrentó a un batallón de scouts y estudiantes de
secundaria. Y los muchachos polacos mantuvieron su posición. Se atribuye su
coraje a su capellán,
Ignacy Skorupka, de 27 años, que daba ejemplo en primera línea. Una nota
militar del 16 de agosto dice que dirigía una carga con un crucifijo en alto
cuando le alcanzó una bala.
Otra versión es
que le alcanzó una bala perdida mientras intentaba realizar la unción de los enfermos a
un soldado agonizante, lo que encaja mejor con su condición de no combatiente.
Pero prisioneros rusos declararían, tiempo después,
que vieron a la Virgen María,
tal como se representa en la advocación de N.Sra de Gracia en Varsovia,
patrona de la ciudad (manos abiertas, una corona y luz sobre su rostro),
rodeada de húsares, en la lucha con el padre Skorupka, y que eso asustó e hizo
huir a los bolcheviques.
El otro gran momento fue sucedió al día siguiente
en Wólka Radzyminska. Al lugarteniente polaco Stefan Pogonowski se le había
ordenado defender una posición. Sin embargo, esa noche realizó un ataque inesperado y
afortunado contra los rusos, que huyeron de manera caótica. De nuevo,
varios testigos dicen que los rusos -no los polacos- vieron a la Virgen. Por
ejemplo, el sacerdote Wieslaw Wisniewski dice que a su bisabuelo, que estaba
presente, unos rusos le dijeron que habían visto a la Madre de Dios sobre la
capital polaca y no podían luchar contra ella.
El general polaco Zeligowski escribió que ese ataque nocturno fue a golpear,
por azar o providencia, al sitio más débil de las lineas rusas, y su huida
se contagió. Tres endurecidas brigadas soviéticas que llevaban meses de
victoria en victoria se retiraron creando gran caos y confusión. A partir de
ahí, se salvó Varsovia y
se ganó la guerra.
Siete meses después se firmaría la paz. Habían muerto unos 70.000
soviéticos frente a unos 47.000 polacos. Más de 100.000 soviéticos
fueron hechos prisioneros o huyeron a territorio alemán. Polonia lograba un
territorio importante, aunque -contra la voluntad de Pilsudski- dejaba a sus
aliados ucranianos solos contra los bolcheviques.
Los soviéticos volverían 18 años después, en 1939,
repartiéndose el país con los nazis al inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, cien años después, el país recuerda a sus héroes y valora la gran riqueza que es la
paz, por la que muchos dan gracias a Dios y a la Virgen.
Publicado originariamente en el
portal de noticias marianas CariFilii.es
Pablo J. Ginés
Fuente: ReL