Nada
nos podrá parar
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
estábamos Lety y yo de “mantenimiento”: que si esta impresora no funciona bien,
que si hay que cambiar aquel switch... y, cuando estábamos en la celda prioral
(llamamos así al “despacho” de la priora y donde se tienen los consejos), pues
nos dimos cuenta de que su ordenador hacía un ruido...
Las
dos nos miramos y lo vimos claro: ¡el ventilador está atascado!
Así
que nos pusimos manos a la obra a desmontarlo y, con aspirador y brocha en
mano, comenzamos a quitarle el polvo y las pelusas por dentro.
Es
normal que entren las pelusas, ya que, por la misma abertura que tiene para
respirar, le entra el polvo, y las pelusas se van acumulando, pero, si no se
limpia, llega un momento en que el ventilador hace ruido y se atasca, incluso
puede llegar a pararlo y quemarlo...
Esto
realmente lo sabíamos porque ya nos había pasado una vez, y luego nos enteramos
de que habían sido las pelusas...
Y
esto es algo que muchas veces nos sucede también a nosotros, porque el que ama
y se entrega por los demás de corazón corre el riesgo de que, por esa misma
abertura, “le entren pelusas”, que se van instalando en el corazón y hacen
mella. Y nos hacen sentir impotentes ante esa persona, o creemos que no merece
la pena seguir insistiendo, o lo damos por imposible...
Sin
embargo, Cristo fue el que sufrió las totales consecuencias de vivir “a corazón
abierto”. Él murió en la cruz y resucitó para que nosotros podamos descargar en
Él todo eso, cada mota, cada situación que nos atasca, cada herida... para que
Él, con su Amor, lo aspire todo, y podamos volver a apostar por el amor a pleno
rendimiento.
“En
Él podemos descargar todo nuestro agobio, que Él se interesa por nosotros” (cf.
1 Pe 5, 7) y siempre encontraremos la Paz y el descanso que necesitamos para no
rendirnos, para continuar el camino de la vida sin miedo a las pelusas. Estas
siempre estarán, pero Él sí que siempre estará ahí para impedir que nada paralice
nuestro corazón.
Hoy
el reto del amor es abrir tu corazón ante Él. Deja a Sus pies todo aquello que
te paraliza, que te impide vivir desde el amor, aquella persona o esa situación
que parece hacértelo difícil... haz tu desapropio de todo ello, y entrégaselo a
Cristo para que le pertenezca a Él; deja a Dios que sea Dios, y podrás
descansar bajo su cuidado.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma