Lo
que nadie ve
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
No
sé por qué, pero tengo muchísima facilidad para hacerme heriditas en las manos.
Cualquier golpe, al meter o sacar cosas del congelador... siempre llevo algún
que otro rasguño.
Hasta
hace unos meses, eso no era un problema. Es más, ni me daba cuenta. Pero
ahora... ¡ay!, las cosas han cambiado mucho. Y es que, como tengas una herida,
por pequeña que sea, ¡no veas cómo escuece el gel hidroalcohólico!
Hasta
ahora nunca había reparado en ello: ¡es que son heridas diminutas! Sin embargo,
no pasan desapercibidas para el gel...
Esto
me ha hecho orar mucho. Porque, si el gel es capaz de descubrir cualquier cosa
en nuestras manos, por pequeña que sea, ¿no es mucho más capaz el Señor de
hacer lo mismo en nuestro corazón?
Es
fácil pensar que Jesucristo tiene muchísimo trabajo, y que la vida de uno de
nosotros puede parecerle... “poca cosa”. Los problemas que te preocupan,
¡pueden resultarle insignificantes! Pero... ¡nada más lejos de la realidad!
Cristo
te ama. A ti, con tu nombre, con tu historia. No eres “uno más”. Eres Su amigo.
Y Él espera que le cuentes todo lo que te sucede: lo que te alegra, lo que te
preocupa... Está ahí para ti. No hay nada tan grande que Cristo no pueda
cargar, ni nada tan pequeño que le resulte indiferente.
Él,
como el gel, quiere iluminarte, descubrir las heridas de tu corazón, limpiarte,
¡comenzar de nuevo! Él ve lo que nadie más puede ver, y mira cada detalle no
con el escozor del gel, sino con el bálsamo del amor. Son esas “cosas pequeñas”
las que van tejiendo tu vida, ¡y Cristo quiere participar en cada una de ellas!
Él,
que “a cada estrella la llama por su nombre”, ¡no hay nada de ti que le resulte
insignificante! Para Él eres tan importante... que ha muerto y ha resucitado
por ti, para curar con Sus heridas cada una de las tuyas.
Hoy
el reto del amor es compartir la jornada con el Señor. En tu rato de oración,
aprovecha para contarle a Cristo tu plan del día, tus proyectos, lo que te
preocupa. ¡Disfruta sabiendo que el Rey de reyes se interesa por ti! Y,
después, vive la jornada consciente de que... ¡Él va contigo! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma