Esta ciudad bíblica
llamada Masada sigue representando, hoy en día, un fuerte símbolo del judaísmo
que ha llegado hasta nosotros
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© Par Andrew Shiva / Wikipedia, CC BY-SA 4.0.
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Masada permanece grabada en la memoria bíblica no solo como plaza fuerte inexpugnable sino también como símbolo de fe. Herodes el Grande hizo construir un imponente palacio en la cima de este pico rocoso. Sin embargo, Masada fue también escenario de trágicos acontecimientos y, a través del suicidio colectivo de los sitiados, se transmitió al mundo un mensaje fuerte y poderoso, un mensaje que este lugar histórico perpetúa
Un promontorio rocoso. Masada es seguramente
sinónimo de desmesura, la de un rey, Herodes el Grande. Este monarca,
obsesionado por su seguridad frente a los riesgos reales de las revueltas
judías, reparó en este lugar único, una meseta de ocho hectáreas, pequeña pero
impugnable por su posición en la cima de un promontorio
rocoso.
Y allí fue,
en pleno desierto de Judea, donde decidió guarecer a su familia para resistir
los ataques de los partos liderados por Antígono, instalado en Jerusalén, que
resultaron vencedores.
Así, durante
dos años, Herodes pudo constatar, aunque derrotado y alejado, que Masada
había podido resistir, ya que su enemigo nunca logró tomar el
asentamiento a pesar a las múltiples tentativas. Gracias a esta experiencia,
Herodes se ganó después los favores de Roma y pudo acceder a la realeza.
Como
conservaba siempre en el corazón este lugar único, decidió construir allí una
fortaleza imponente y un palacio en la hipótesis de que pudieran repetirse
acontecimientos semejantes.
Un asedio para la posteridad
De este modo, Herodes
mandó edificar sobre este emplazamiento excepcional de Masada una fortaleza
desmesurada a partir de antiguas fortificaciones que no
solo reforzaría, sino que les añadiría una poderosa muralla de casamatas con
más de un centenar de torres y tres aberturas.
Desde esta
altura se vislumbra todo el mar Muerto, así que es imposible acercarse sin ser
percibido. Sin embargo, Masada no sería solamente un impresionante fuerte, ya
que el
monarca hizo construir también un palacio suntuoso con
múltiples terrazas, edificios y patios pavimentados; un lugar donde el lujo y
el fasto reinaban en majestuosas columnas, pórticos, termas romanas y mosaicos.
Unos almacenes gigantescos también
conservaban provisiones para meses de asedio y tanto agua caliente como fría
fluían abundantemente desde enormes tanques de abastecimiento. Pero, ¿era
Masada realmente inexpugnable?
La Historia
ha demostrado que ninguna fortaleza puede resistir un asedio largo y Masada no
fue una excepción. Flavio Josefo relata que una comunidad de judíos, llamados
zelotes, encontró refugio en esta fortaleza tras la muerte de Herodes.
Sin embargo,
esta comunidad estaba convencida de que había que combatir no solo al ocupante
romano sino también a todo judío que se mostrara infiel a la ley de Moisés.
Los Hechos de los apóstoles evocan esos
acontecimientos: “Después de él, en la época del censo, apareció Judas de
Galilea, que también arrastró mucha gente”. Desde entonces serían llamados por
el nombre de zelotes, que significa en hebreo ‘estar celoso’, ‘admirador’, y
que derivaría en la palabra ‘celo’.
No
obstante, frente a esta amenaza, el ocupante romano decidió asediar Masada. El
ejército romano rodeó y cercó el promontorio con no menos de ocho campamentos
atrincherados, algunos de los cuales estaban conectados por una muralla,
aislándolo así completamente del mundo.
Masada resistió valientemente, pero el
genio militar romano superó la valentía de los asediados. Después de siete meses de asedio se
construyó una inmensa rampa de tierra, cuyos restos aún son visibles, y por la
cual una torre móvil y un ariete abrieron brecha en la muralla de la fortaleza,
sin olvidar los centenares de proyectiles catapultados por los romanos.
Ante la
inevitable captura de Masada, los zelotes decidieron, en un gesto heroico
que pasó a la posteridad, suicidarse colectivamente. Solo dos
supervivientes informarían de estos trágicos sucesos y, según registran los Hechos de los apóstoles: “[El galileo]
igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron”.
Aunque las
investigaciones modernas tienden a relativizar este acto heroico y este
suicidio colectivo, esta ciudad bíblica llamada Masada sigue representando, hoy
en día, un fuerte símbolo del judaísmo que ha llegado hasta nosotros.
Philippe-Emmanuel Krautter
Fuente:
Aleteia
