Al celebrar la Santa Misa por los difuntos en las
Catacumbas de Santa Priscila en la Vía Salaria de Roma, el Santo Padre se
refirió en su homilía a la identidad de los cristianos contenida en las
Bienaventuranzas
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El Papa celebra la Santa Misa por los difuntos en las
Catacumbas de Santa Priscila
en la Via Salaria de Roma (Vatican Media)
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En el marco de uno de los antiguos lugares de
sepultura de los primeros cristianos de Roma, el Papa comenzó su homilía – que
pronunció de modo espontáneo – recordando que se trataba de la primera vez en
su vida que entraba en una catacumba, lo que representa de alguna manera “una
sorpresa” que, además, “nos dice tantas cosas”. Sí porque “podemos pensar en la
vida de estas personas, que tuvieron que esconderse, que tuvieron esta cultura
de enterrar a los muertos y celebrar la Eucaristía aquí...” “Un momento feo de
la historia”, que sin embargo no se ha superado puesto que “aún hoy hay
algunas”.
Y destacó que hay tantas catacumbas en otros países
donde incluso tienen que fingir que celebran una fiesta o un cumpleaños para
celebrar la Eucaristía, porque en ese lugar está prohibido hacerlo: "Aún
hoy hay cristianos perseguidos, más que en los primeros siglos. Más".
Identidad,
lugar y esperanza
Francisco añadió que las catacumbas, la persecución y
los cristianos junto a las lecturas lo hacían pensar en tres palabras:
identidad, lugar y esperanza. Y desarrolló brevemente estos conceptos diciendo
que “la identidad de estas personas que se reunieron aquí para celebrar la
Eucaristía y alabar al Señor, es la misma que la de nuestros hermanos de hoy en
muchos, muchos países donde ser cristiano es un crimen, está prohibido: no
tienen derecho”. Sin embargo, agregó, “la identidad es esto que hemos
escuchado: son las Bienaventuranzas”.
El Pontífice recordó que éste es el “documento de
identidad”, las Bienaventuranzas. A la vez que aludió a ese pasaje del
Evangelio que nos ayuda a comprenderlo mejor y que será el "Gran
Protocolo" con el que seremos juzgados. Es Mateo 25. De manera que con el
Evangelio de las Bienaventuranzas y el Gran Protocolo, “mostraremos, viviendo
esto, nuestra identidad como cristianos. Sin esto, no hay identidad. Hay una
pretensión de ser cristianos, pero no hay identidad”.
En cuanto a la segunda palabra, “el lugar”, Francisco
se refirió a esas personas que vinieron aquí para esconderse, para estar
seguros, incluso para enterrar a los muertos, aquí; al igual que esas personas
que celebran la Eucaristía hoy en secreto, en aquellos países donde está
prohibido, y dirigió su pensamiento a una religiosa en Albania que estaba en un
campo de reeducación, en la época comunista, y donde estaba prohibido que los
sacerdotes dieran los sacramentos, por lo que esa monja, allí, bautizaba en
secreto.
Y hoy podemos preguntarnos, prosiguió el Obispo de
Roma, ¿dónde me siento más seguro? ¿En las manos de Dios o con otras cosas, con
otras certezas que "alquilamos" pero que al final caerán, que no
tienen consistencia? Estos cristianos con este documento de identidad que
vivieron y viven en las manos de Dios, son hombres y mujeres de esperanza: “y
ésta es la tercera palabra que me llega hoy: esperanza”.
A la vez que recordó que esta palabra la acaban de
escuchar en la segunda lectura: esa visión final donde todo se rehace, donde
todo se recrea, esa patria donde todos iremos.
“Y para entrar no se necesitan cosas extrañas, no se
necesitan actitudes sofisticadas: sólo hay que mostrar el documento de
identidad”
De manera que el Pontífice reafirmó que “nuestra
esperanza está en el cielo, nuestra esperanza está anclada allí y nosotros, con
la soga en la mano, nos mantenemos mirando esa orilla del río que tenemos que
cruzar”.
“Identidad: de las Bienaventuranzas y de Mateo 25 –
concluyó – lugar, el lugar más seguro: en las manos de Dios, heridas de amor;
esperanza, el futuro: el ancla, allí, en la otra orilla, pero yo bien aferrado
a la cuerda: esto es importante”.
Siempre aferrados a la cuerda. Muchas veces sólo
veremos la cuerda, ni siquiera el ancla, ni siquiera la otra orilla. Pero tú,
aférrate a la cuerda que llegarás seguro.
Está previsto que el Santo Padre, una vez de regreso a
la Ciudad del Vaticano, se dirija a las Grutas de la Basílica Vaticana para
recogerse en oración por los Pontífices difuntos, cuyos restos en buen número
allí se custodian.
María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano
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