Por
propia experiencia
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Llevamos
unos días con unas tormentas impresionantes: relámpagos, truenos, lluvia
torrencial...
Para
mí la tormenta tiene un detalle especial, y es que... me da miedo. Quizá
pienses que estoy dentro del convento y que no me va a pasar nada; pero no
puedo controlar la angustia que me genera provocada por el peligro que siento
ante los truenos y relámpagos.
Ya
sé que es subjetivo, pero te aseguro que para mí es totalmente real. Siempre me
acuerdo cuando Jesús está en la barca durmiendo y hay una tormenta. Los
discípulos le despiertan agobiados y Él les dice: “¿De qué os preocupáis?”, y
manda al mar que se calme. Yo entiendo a los discípulos perfectamente, porque
su vivencia es como la mía.
Cuántas
veces nos cuentan un problema y, si hemos vivido una situación parecida, ¡qué
distinto lo vemos! Qué importante es la vivencia para nuestra capacidad de
acogida...
Pues
con la fe nos pasa lo mismo: podemos saber muchas cosas de Jesús, y esto es
bueno, pero, mientras no pase la fe por la vivencia, no será real para mí.
La
fe nos tiene que pasar de la cabeza al corazón, tenemos que tener la certeza de
que Jesús está vivo y vive con nosotros en el corazón. Y la fe será distinta,
el miedo desaparecerá, las heridas ya no te dolerán, te gozarás de los
hermanos, la fe será un gozo y algo esencial en tu vida.
En
mi camino de fe, primero creí desde el concepto, pero lo que me cambió la vida
fue el encuentro con Cristo, el sentirme amada totalmente, tal y como era, y lo
entendí, no con la cabeza, sino con el corazón. Por ello, no tengas miedo de
buscar en tu vida a Jesús. Él te ama y quiere que seas feliz. Pero no te
conformes con una fe razonada; busca, que encontrarás más.
Hoy
el reto del amor es entrar en una iglesia. Siéntate en el primer banco, mírale
fijamente en el Sagrario y pídele una fe viva, que te encienda el corazón.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
