17 Domingo Tiempo Ordinario (Ciclo C)
Buenos
días, sed bienvenidos a la celebración del Día del Señor.
La
Eucaristía dominical es la oración central de la Iglesia. Cada domingo que
venimos a la celebración nos incorporamos a lo que constituye el núcleo
esencial de la oración que Jesús dirige filialmente a Dios. Su Espíritu nos une
a Él como miembros de su Cuerpo y nos introduce en ese misterio de amor que hay
entre el Padre y el Hijo.
Realmente,
la Eucaristía es un don que se nos regala, dispongámonos, pues, a celebrarla
consciente y piadosamente.
MONICIÓN A LAS LECTURAS
No
hay nada más central en la vida de fe que la oración. Es en la oración donde
nuestra fe se ilumina, nuestra esperanza se fortalece y la caridad ablanda nuestro
corazón.
Y
sin embargo, hemos de reconocer que para muchos de nosotros la oración es una
asignatura pendiente. Incluso cuando nos ponemos a rezar no sabemos cómo
hacerlo.
Hoy
las lecturas vienen en nuestro auxilio, en ella se nos alienta a superar
cualquier dificultad y a que nos pongamos delante de Dios con una confianza
filial. Escuchemos con atención la Palabra que hoy se nos proclama.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A
cada suplica respondemos: ¡Señor, enseñanos a orar!
-
Por la Iglesia, esposa de Cristo, para que todos sus miembros permanezcamos
unidos a nuestro Señor por una vida activa de oración. OREMOS.
-
Por nuestros políticos, para que sean capaces de ir más allá de sus interese
personales y partidistas y busquen el bien común de nuestro pueblo. OREMOS.
-
Por los monjes y monjas que en los monasterios desarrollan una vocación
contemplativa, para que su vida de oración sea un estimulo para el resto del Pueblo
de Dios. OREMOS.
-
Por los enfermos, especialmente por los que se enfrentan a una larga y dolorosa
enfermedad, también para los que se encuentra al final de sus días, para que
reciban la solidaridad de sus seres querido y sientan la compañía de Dios.
OREMOS.
-
Por nosotros que celebramos esta Eucaristía, para que el Señor nos ayude a
tener una intensa vida de oración. OREMOS.
ORACIÓN FINAL
Gracias,
Jesús, Hijo del Padre,
porque
al hacerte uno de nosotros
nos
has manifestado que Dios nos trata como hijos
y
nos has dado los medios para que
nosotros
le respondamos como a un Padre.
Gracias,
porque tu trato filial con Dios
puede
ser también nuestro trato con Él;
y
porque las palabras que Tú le diriges
pueden
ser nuestras palabras
y
la senda para entrar en su misterio de amor.
Señor,
qué don más grande nos has dado:
por
la oración que nos has enseñado
nos
has incorporado al abrazo de amor eterno
que
os dais Tú y el Padre en el Espíritu Santo.
Espíritu
del Padre y del Hijo,
Espíritu
de Jesús, nuestro Hermano y Señor,
haz
que nuestro corazón acompañe
el
musitar de nuestros labios;
haznos
la gracia de que el Padrenuesto sea la senda
por
la que penetremos en el misterio del Reino,
ese
misterio en el que todos los hombres
somos
hijos y hermanos a la vez.
Amén.
