Una
gran hazaña de tres sacerdotes en el siglo XVI
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| Shutterstock | David Vioque |
Las
personas sordas fueron por miles de años marginadas de todo: de la vida
pública, de la vida religiosa, de la vida intelectual. Nadie que naciera sordo
“podría aprender nada”, pensaban griegos y romanos, por ejemplo.
Sin
embargo, como tantas otras grandes hazañas, fue en el siglo XVI, durante lo que
se conoce como el Renacimiento, cuando un monje benedictino español, fray Pedro
Ponce de León (1520-1584), creó el primer lenguaje por señas para personas con
discapacidad auditiva.
Quizá
con la invención de este lenguaje de señas, fray Pedro (quien, por cierto,
tiene una escultura dedicada a su memoria en el Paseo Bolivia del madrileño
Parque del Retiro con motivo del cuarto centenario de su nacimiento auspiciada
por la Asociación de Sordomudos de Madrid) no se haya ganado el cielo, pero sí
la enorme gratitud de los sordos de entonces y de los de ahora.
Según
la placa del monumento a fray Pedro, los sordomudos le reconocían en ese
entonces (hace casi un siglo, el 6 de junio de 1920) el haber sido el inventor “del
método oral puro para enseñar a hablar, leer, escribir y contar” a quienes
padecían esa discapacidad y que, antes de fray Pedro y su método, eran
descartados de toda actividad intelectual.
De cómo el lenguaje de
señas salió de los monasterios
Un
reciente reportaje de la revista National Geographic le da el lugar de
iniciador a fray Pedro, aunque también reconoce que en 1620, el inquieto
sacerdote y pedagogo español Juan Pablo Bonet (1573-1633), al publicar su
“Reducción de las letras y el arte para enseñar a hablar a los mudos”, hizo el
primer tratado moderno de la fonética del lenguaje de señas y el uso del
lenguaje de señas para enseñar el habla a los sordos.
Por
lo demás, fray Pedro tuvo una fuente de inspiración para enseñar a hablar,
leer, escribir y contar a los mudos: las señas que se hacían los monjes
benedictinos para comunicarse unos con otros en el pasillo, en el refectorio o
en las horas de labor en los monasterios de clausura, donde imperaba el
silencio total.
“Ponce
de León adaptó los gestos utilizados en su monasterio para crear un método para
enseñar a los sordos a comunicarse, allanando el camino para los sistemas que
ahora se utilizan en todo el mundo”, dice el reportaje de National Geographic
en el que agrega que el padre Bonet continuó explorando nuevos métodos de
comunicación y, a raíz de fray Pedro construyó “lo que él llamó el alfabeto
demostrativo, un sistema manual en el que la mano derecha hizo formas para
representar cada letra”.
El tercer sacerdote
Fue
otro sacerdote católico, el francés Charles-Michel de l’Épée, quien en 1755
estableció un método más completo para educar a los sordos, que culminó con la
fundación de la primera escuela pública para niños sordos, el Instituto
Nacional para Sordomudos en París.
“Épée
adaptó estas señales y agregó su propio alfabeto manual, creando un diccionario
de firmas. Insistiendo en que el lenguaje de señas debía ser un lenguaje
completo, su sistema era lo suficientemente complejo como para expresar
preposiciones, conjunciones y otros elementos gramaticales. Épée es conocido
como el padre de los sordos por su trabajo y su establecimiento de 21
escuelas”, dice el reporte de National Geographic.
Tres
sacerdotes católicos, dos españoles y uno francés, están detrás –como en miles
de avances de la humanidad, casi siempre desconocidos o regularmente
despreciados—del desarrollo de los lenguajes de signos formales, las personas
con discapacidad auditiva pueden acceder al lenguaje hablado en toda su
variedad
Jaime
Septién
Fuente:
Aleteia
