El Papa Francisco continuó con su nuevo ciclo de
catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles
Redescubrir la belleza de dar testimonio del
Resucitado y dejar atrás las actitudes autorreferenciales, renunciando a
retener los dones de Dios y no cediendo a la mediocridad: fue la indicación del
Papa Francisco en su segunda catequesis basada en los Hechos de los Apóstoles,
en el miércoles 12 de junio
En una plaza de san Pedro acariciada en las primeras
horas de la mañana por el sol primaveral, el Papa Francisco continuó con su
nuevo ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, interrumpido la
semana pasada por su catequesis sobre su reciente viaje apostólico en
Rumanía. El pasaje evangélico del cual tomó el punto de partida de su reflexión
fue el capítulo 1 de los Hechos, versículos 21-22.26.
Aferrados a María
«Hemos comenzado un nuevo ciclo de catequesis que
seguirá el «viaje» del Evangelio que narra el libro de los Hechos de los
Apóstoles. Todo tiene origen en la Resurrección de Cristo, que es la fuente de
vida nueva. Por eso los discípulos permanecen unidos y perseverantes en la
oración, junto a María, la Madre de Jesús y de la nueva comunidad, en espera de
recibir el Espíritu Santo».
Uno de los dolorosos acontecimientos de la Pasión que
muestra este libro, dijo el Papa, es que los Apóstoles del Señor ya no son los
doce elegidos por Él, sino once. Esto sucede porque Judas se quitó la vida
aplastado por el remordimiento:
«Esa primera comunidad estaba formada por ciento
veinte hermanos y hermanas, un número que contiene el doce, emblemático para
Israel, por las doce tribus, y también para la Iglesia, por los doce Apóstoles
elegidos por Jesús, que después de los acontecimientos dolorosos de la pasión,
con la traición de Judas, se redujeron a once».
El virus del
orgullo infectó el corazón del Apóstol
Judas, explicó Francisco, “había empezado a separarse
de la comunión con el Señor y con los demás, a hacer a solas, a aislarse, a
apegarse al dinero hasta explotar a los pobres, a perder de vista el horizonte
de la gratuidad y de la entrega, hasta que permitió que el virus del orgullo
infectara su mente y su corazón”:
«Judas, que había recibido la gracia de formar parte
del grupo inseparable de Jesús, perdió de vista el horizonte de la gratuidad
del don recibido y dejó entrar en su corazón el virus del orgullo; y de amigo
se volvió enemigo de Jesús, traicionándolo».
Así, Judas, que había recibido esta gracia «prefirió
la muerte a la vida, un camino de oscuridad y ruina. Los otros once, en cambio,
escogieron la vida y la bendición, convirtiéndose en responsables de trasmitirlas
de generación en generación, del Pueblo de Israel a la Iglesia».
Se inaugura el
discernimiento comunitario
Se hizo necesario entonces “reconstituir el grupo de
los doce”, y así “se inaugura la práctica del discernimiento comunitario”, que
consiste en ver la realidad a través de los ojos de Dios, desde el punto de
vista de la unidad y la comunión:
«El evangelista Lucas nos dice cómo el abandono de
Judas causó una herida al cuerpo comunitario. Era necesario que su misión
pasara a otro. Pedro indicó el requisito indispensable: haber sido discípulo de
Jesús desde el principio hasta el fin, desde el bautismo en el Jordán hasta la
Ascensión».
He aquí que la comunidad ora de la siguiente manera –
siguió diciendo Francisco: «Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muestra
cuál de estos dos has elegido para ocupar el lugar que Judas ha abandonado». Y
el Señor indica a Matías:
«De los dos candidatos propuestos, el escogido fue
Matías, que es asociado a los once, reconstituyendo el colegio apostólico, signo
de que la comunión es el primer testimonio de una comunidad viva y que sigue el
estilo del Señor».
La comunión supera las
divisiones
De esta manera - prosiguió el Santo Padre -
se reconstituye el cuerpo de los Doce, signo de comunión, y esa comunión supera
las divisiones, el aislamiento, la mentalidad que absolutiza el espacio
privado, signo de que la comunión es el primer testimonio que ofrecen los
Apóstoles.
Redescubrir la belleza de dar testimonio del
Resucitado
El Romano Pontífice señaló entonces también nuestra
necesidad de “redescubrir la belleza de dar testimonio del
Resucitado", "dejando atrás las actitudes autorreferenciales,
renunciando a retener los dones de Dios y no cediendo a la mediocridad”. Puesto
que la reconstitución del colegio apostólico "muestra cómo en
el ADN de la comunidad cristiana hay unidad y libertad de sí mismo, que nos
permite no temer la diversidad, no apegarnos a las cosas y a los dones
y ser mártires, es decir, testigos luminosos del Dios vivo y operante en la
historia”.
Pedir el don de vivir bajo la Señoría de Cristo
Al saludar a los fieles, el Santo Padre
Francisco dirigió un mensaje especial, como suele hacerlo, a los jóvenes, los
ancianos, los enfermos y los recién casados. Haciendo presente la memoria
litúrgica en el día de mañana de San Antonio de Padua,
patrono de los pobres y los sufrientes, oró para que su intercesión los ayude a
experimentar el auxilio de la misericordia divina. A los fieles peregrinos de
lengua española, animó a pedir al Señor «el don de vivir bajo la señoría de
Cristo, en unidad y libertad, como testigos de su Resurrección, para manifestar
al mundo el amor y la misericordia de Dios que está presente y actúa en la
historia de la humanidad», y les impartió su bendición.
Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano
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