¿Mancha
permanente?
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hace
unos días, estábamos en el recreo compartiendo con las hermanas. Sí, nosotras
también tenemos recreos. Concretamente disfrutamos de dos al día: uno después
de comer y otro después de cenar. Son ratos para “recrear” a las hermanas, para
expandirnos y ponernos al día de todo.
Mientras
compartíamos entre risas y alboroto (ese día estaba especialmente divertido),
tenía un rotulador en la mano. Así, inconscientemente, jugaba con él, abría y
cerraba la tapa, le daba vueltas... hasta que se me cayó la tapa al suelo y, en
mi ademán de querer cogerla en el aire, atrapé la punta del rotulador con la
palma de la mano.
Ahí
estaban, dos puntos negros... ¡y encima era rotulador permanente!
-Bueno
-pensé -menos mal que hasta el rotulador permanente con el tiempo se va.
Al
día siguiente, cuando llegué al rato de oración de la mañana, mientras sacaba
mis cuadernos, volví a ver los dos puntitos en mi mano. Y, recordando la noche
anterior, el Señor me puso en el corazón una frase que me llenó de paz:
“Ninguna mancha que tengas podrá ser permanente”.
¡Cómo
me impresionó! Porque Él puso palabras a lo que tantas veces me ha regalado
experimentar: que no hay nada en nosotros que nos pueda separar de su Amor. Y
es que su Amor es lo único que es realmente permanente y eterno. Y tal es así,
que Cristo ha quedado marcado para siempre en Sus manos y en Sus pies.
Todo
lo nuestro, nuestros fallos, nuestras heridas, no son permanentes. Aunque a
nuestros ojos puedan parecernos irremediables, no lo son. Nosotros tenemos la
certeza de un perdón que Él nos da sin medida, que nos transforma interiormente
y nos hace nuevos. Lo nuestro es acoger la salvación que Cristo nos regala y
querer vivir de Él.
Hoy
el reto del amor es no detenerte ni un minuto de tu día a mirar tus manchas.
Hoy mantén tu mirada fija en Él, confía en su Amor permanente y eterno. En Él
encontrarás la gracia para mirar a los demás bajo ese mismo prisma. ¡Apuesta
por el Amor!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
