Corrado Maggioni
es subsecretario de la Congregación para el Culto Divino
![]() |
| Confiar la Iglesia al cuidado de la Madre de Dios ha sido una constante en la historia, en particular en los últimos siglos, señala Corrado Maggioni. |
Francisco sorprendió a todos el 29 de septiembre con
tres peticiones muy especiales, sobre todo las dos últimas: rezar el Rosario
diariamente durante todo octubre, y añadir el Bajo tu amparo nos acogemos y la
oración a San Miguel Arcángel. Se ha puesto mucho acento en esta segunda, por
su directa relación con los ataques del diablo a la Iglesia y por ser la
recuperación de una iniciativa de León XIII, y menos en la primera. El diario
de los obispos italianos, L'Avvenire, ha entrevistado al respecto a un mariólogo de
relieve, Corrado Maggioni, muy próximo a Francisco,
y cuyas declaraciones ha traducido al español el portal mariano Cari Filii:
El Rosario será un “dique” para proteger a la
Iglesia de las divisiones inspiradas por el Maligno. El Papa
Francisco está convencido de ello, y el pasado 29 de septiembre
exhortó a los fieles de todo el mundo a rezar durante todo el mes de octubre
con la oración mariana que Pío XII definió como “un compendio
de todo el Evangelio”.
Formas "desconcertantes" de ataque del demonio
“La Iglesia ha tenido desde siempre que lidiar con divisiones y pecados, aunque hoy asistimos a formas desconcertantes, porque uno no se las esperaría. Cuando se hacen más evidentes las tentativas diabólicas para desgarrar el vestido de la Esposa de Cristo, hay que recurrir a la oración, que es fuente de comunión y de paz. Y el Rosario es una forma probada de oración, tanto personal como comunitaria”, afirma el sacerdote montfortano Corrado Maggioni. Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos –un nombramiento de Francisco–, es profesor en la Pontificia Facultad Teológica Marianum y en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma. Y ha dedicado a la Virgen numerosas publicaciones.
Formas "desconcertantes" de ataque del demonio
“La Iglesia ha tenido desde siempre que lidiar con divisiones y pecados, aunque hoy asistimos a formas desconcertantes, porque uno no se las esperaría. Cuando se hacen más evidentes las tentativas diabólicas para desgarrar el vestido de la Esposa de Cristo, hay que recurrir a la oración, que es fuente de comunión y de paz. Y el Rosario es una forma probada de oración, tanto personal como comunitaria”, afirma el sacerdote montfortano Corrado Maggioni. Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos –un nombramiento de Francisco–, es profesor en la Pontificia Facultad Teológica Marianum y en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma. Y ha dedicado a la Virgen numerosas publicaciones.
El religioso explica en Avvenire el
sentido de la iniciativa lanzada por Bergoglio. “Que el Papa señale una
intención especial de oración, en particular en octubre, mes del Rosario, es
una práctica conocida. Este año Francisco recomendó acudir a la ayuda
de la Madre de Dios y de San Miguel Arcángel con el fin de no quedar
atrapados en los lazos del diablo 'que busca siempre separarnos de Dios y
separarnos entre nosotros'. Las divisiones en la Iglesia siempre hacen el juego
al diablo, una palabra griega que significa 'el que divide'. La misión
el diablo, en efecto, es justo provocar confusión, distorsionar la
visión de las cosas, desacreditar, insinuar la sombra allí donde resplandece la
luz”.
La invitación del Pontífice se
inserta en el corazón del mes del Rosario por excelencia, octubre. De hecho, el
7 de octubre se celebra la memoria litúrgica de la Santísima Virgen María del
Rosario. “Este vínculo remonta al siglo pasado –aclara el padre Maggioni-. Tras
las apariciones de Lourdes (1858), en las que María se apareció con el Rosario en
las manos, se abrió camino la costumbre de rezarlo todos los días de
octubre con motivo de
coincidir en este mes la evocación de la Virgen del Rosario, que se celebra el
7 de octubre.
Esta costumbre, alabada por el Beato Pío IX, quien le asoció
indulgencias, se difundió en toda la Iglesia con León XIII, quien lo hizo
obligatorio en los días de octubre en todas las iglesias, indicando el rezo del
Rosario como la vía segura para implorar de Dios, con la potente intercesión
de María, serenidad y paz para la Iglesia y para la sociedad. Ése fue el
periodo en el que el rezo del Rosario, a partir del mes de octubre, se difundió
habitualmente en las familias más fervientes como cotidiana oración vespertina”.
Y en este escenario de 2018 la oración, en particular el Rosario, es propuesta por el Papa Francisco como fuerza para vencer al “gran acusador”.
Y en este escenario de 2018 la oración, en particular el Rosario, es propuesta por el Papa Francisco como fuerza para vencer al “gran acusador”.
“Es verdad”, subraya el mariólogo
de la Compañía de María, la congregación más comúnmente conocida como los
montfortianos, “la oración es fuerza porque permite recibir la fuerza del
Espíritu de Cristo, vencedor del Maligno. Según las palabras de Jesús, el Espíritu Santo es nuestro abogado, el defensor seguro, quien impide al
acusador, que es precisamente el diablo, dar vueltas por el mundo cobrándose
víctimas”.
Y el padre Maggioni insiste en que se sepa: “Hoy las noticias diabólicas, es decir, que buscan la división, dan la vuelta al mundo en pocos minutos, envenenando los corazones. La oración es el modo del que disponemos para conectarnos con el Espíritu de Dios que trabaja para unir, suscitar concordia, crear armonía. Sin duda es sobre todo la misa dominical la que nos permite nutrirnos del Espíritu de Cristo. A su luz, también el Rosario, con las repeticiones de Padrenuestros, Avemarías y Glorias, meditando los misterios de la vida de Cristo, nos ayuda a custodiar la unión con Él y a huir de las garras del ‘gran acusador’”.
La más antigua oración mariana
Del Papa llega también una sugerencia más. Bergoglio pide que al final del rezo del Rosario, nos volvamos a la Virgen con la invocación Sub tuum praesidium.
Y el padre Maggioni insiste en que se sepa: “Hoy las noticias diabólicas, es decir, que buscan la división, dan la vuelta al mundo en pocos minutos, envenenando los corazones. La oración es el modo del que disponemos para conectarnos con el Espíritu de Dios que trabaja para unir, suscitar concordia, crear armonía. Sin duda es sobre todo la misa dominical la que nos permite nutrirnos del Espíritu de Cristo. A su luz, también el Rosario, con las repeticiones de Padrenuestros, Avemarías y Glorias, meditando los misterios de la vida de Cristo, nos ayuda a custodiar la unión con Él y a huir de las garras del ‘gran acusador’”.
La más antigua oración mariana
Del Papa llega también una sugerencia más. Bergoglio pide que al final del rezo del Rosario, nos volvamos a la Virgen con la invocación Sub tuum praesidium.
Bajo tu amparo nos
acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas en las necesidades
que te presentamos, antes bien líbranos siempre de todos los peligros, Virgen
gloriosa y bendita. Amén.
“Es la más antigua oración
mariana, difundida por Oriente y Occidente, encontrada en 1927 sobre un
papiro egipcio de finales del siglo III, que dice: ‘Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de
Dios’ –observa el subsecretario de la Congregación para el Culto Divino-. Su valor doctrinal es relevante
porque aparece el título Theotokos, es decir, Madre de Dios, antes de su reconocimiento en el
Concilio de Éfeso en 431.
También es evidente su valor como culto, porque es una súplica dirigida directamente a María. Aunque
ignoramos qué prueba la habrá inspirado, está claro que era un recurso común de
los fieles a la Madre de Dios, seguros de que ella los ayudaría a causa de su
maternidad divina. Buscar la protección de María no contradice el refugiarse en
Dios, es más, lo facilita. ¿Dónde encontrar a Dios sino
en aquella que nos lo ofreció como salvador y liberador del maligno? María es la
casa en la que Dios mismo ha hecho morada. Buscamos refugio en ella para no
engañarnos, arriesgándonos a buscar al liberador allí donde no se encuentra.
Desde aquí se eleva la conmovedora invocación: ‘No desoigas nuestras súplicas
en las necesidades que te presentamos y líbranos de todos los peligros’. Se
suplica a la 'Virgen gloriosa y bendita' seguros de que, en lo que de ella
dependa nuestra liberación del mal, no puede no concederlo y socorrer a quien
la invoca.
El Papa nos llama pues a pedir a
María que ponga la Iglesia bajo su manto ‘para defenderla de los
ataques del maligno, el gran acusador, y hacerla, al mismo tiempo, cada
vez más consciente de las culpas, de los errores, de los abusos cometidos en el
presente y en el pasado y comprometida a luchar sin ninguna vacilación para que
el mal no prevalezca’”.
Fuente: ReL

