2. LA VISITACIÓN
Impronta del Padre va oculta en María
Saludas y exultan con
gran alegría
A
mí
no me niegues tu dulce cuidado
Bendita entre todas,
quiero estar a tu lado
Emmanuel es tu Hijo a
quien llevas María
Lo tienes y anhelas
por todos sea amado.
La
Virgen se encamina hacia las montañas para saludar y acompañar a ISABEL
tras saber que también ella había recibido la bendición divina y esperaba
un hijo.
María anda por esos
caminos, convive con las personas, avanza un día y otro, de aldea en aldea. Se
muestra como una persona más, nadie más que ella sabe que en su vientre se
encuentra Dios mismo, el Unigénito, que es resplandor de la gloria de Dios “e impronta
de su sustancia y que sustenta todas las cosas con su palabra poderosa” (Hb
1, 2). Realmente ahí va Dios con nosotros, Emmanuel, pero oculto.
Al
llegar a la casa de Zacarías, esposo de Isabel, la Virgen
saluda a Isabel que escucha y al instante el pequeño Juan percibe la presencia
salvadora de Jesús que se hace presente a través de María. Sólo escuchar su voz ya es motivo de alegría, entusiasmo y
descanso. Saludas y exultan con gran alegría.
Un día y otro, una
semana, dos semanas... pasaron tres meses en los que María mostró por qué Dios
la escogió como Madre: su presencia agradable, discreta y servicial hicieron
que Isabel se sintiera aliviada de los dolores, fruto del pecado (Cfr. Gn
3, 16). ¿Qué será experimentar la cercanía de María? ¿Qué sus atenciones? A
mí no me niegues tu dulce cuidado...
Conversaron como les gusta a las
mujeres: largo y tendido. Entre todo lo que se dijeron, conservamos cosas que
repetimos con gran frecuencia en la Liturgia y en otras oraciones: Isabel le
dice a María
“Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1,
42). La Virgen es la expresión más excelsa de feminidad, de belleza y
sencillez: bendita entre todas, quiero estar a tu lado.
María vuelve a su casa
con la satisfacción de haber hecho un bien inmenso: más grande que el que sus
posibilidades humanas le permiten. Y lo pudo hacer porque Dios está con ella, y
actúa bendiciendo a través de ella. Pero ella se sabe que es Él la fuente, de
quien proceden todos los bienes y por eso desea que llegue la hora en que por
todos sea amado.
Con permiso del autor: Juan Pablo Lira
Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario