20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 2º. MISTERIO GOZOSO

2. LA VISITACIÓN

Impronta del Padre va oculta en María
Saludas y exultan con gran alegría
A mí no me niegues tu dulce cuidado
Bendita entre todas, quiero estar a tu lado
Emmanuel es tu Hijo a quien llevas María
Lo tienes y anhelas por todos sea amado.

La Virgen se encamina hacia las montañas para saludar y acompañar a ISABEL tras saber que también ella había recibido la bendición divina y esperaba un hijo.

María anda por esos caminos, convive con las personas, avanza un día y otro, de aldea en aldea. Se muestra como una persona más, nadie más que ella sabe que en su vientre se encuentra Dios mismo, el Unigénito, que es resplandor de la gloria de Dios “e impronta de su sustancia y que sustenta todas las cosas con su palabra poderosa” (Hb 1, 2). Realmente ahí va Dios con nosotros, Emmanuel, pero oculto.

Al llegar a la casa de Zacarías, esposo de Isabel, la Virgen saluda a Isabel que escucha y al instante el pequeño Juan percibe la presencia salvadora de Jesús que se hace presente a través de María. Sólo escuchar su voz ya es motivo de alegría, entusiasmo y descanso. Saludas y exultan con gran alegría. 

Un día y otro, una semana, dos semanas... pa­saron tres meses en los que María mostró por qué Dios la escogió como Madre: su presencia agrada­ble, discreta y servicial hicieron que Isabel se sintie­ra aliviada de los dolores, fruto del pecado (Cfr. Gn 3, 16). ¿Qué será experimentar la cercanía de María? ¿Qué sus atenciones? A mí no me niegues tu dulce cuidado...

Conversaron como les gusta a las mujeres: largo y tendido. Entre todo lo que se dijeron, conserva­mos cosas que repetimos con gran frecuencia en la Liturgia y en otras oraciones: Isabel le dice a María “Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre” (Lc 1, 42). La Virgen es la expresión más excelsa de feminidad, de belleza y sencillez: bendita entre todas, quiero estar a tu lado.

María vuelve a su casa con la satisfacción de ha­ber hecho un bien inmenso: más grande que el que sus posibilidades humanas le permiten. Y lo pudo hacer porque Dios está con ella, y actúa bendicien­do a través de ella. Pero ella se sabe que es Él la fuente, de quien proceden todos los bienes y por eso desea que llegue la hora en que por todos sea amado.

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario