Es bello que jóvenes recen el Rosario, manifestando así su afecto por la Virgen
El
Papa Francisco ha participado con un video mensaje en la Vigilia mariana
internacional de los jóvenes que se lleva a cabo en el Santuario de San Gabriel
en la ciudad de Teramo en Italia, en preparación de la próxima Asamblea del
Sínodo de los Obispos, instándolos a no callar y a enseñar a los adultos el
camino del diálogo y la concordia
Este
12 de mayo, el Papa Francisco está presente con un video mensaje en la Vigilia
mariana internacional de los jóvenes, que se lleva a cabo en el Santuario de
San Gabriel en Teramo, ciudad italiana de región de Abruzos.
La
vigilia, ideada por mons. Lorenzo Leuzzi, Obispo de Teramo-Atri, ha dado
comienzo a las 17 horas con la oración del Rosario en varias lenguas, en
conexión video con las diócesis de Panamá, Irlanda, Rusia y Taiwán y llegará a
su conclusión alrededor de las 18.30, con la misa celebrada por el Cardenal
Lorenzo Baldisseri, Secretario del Sínodo de los Obispos.
En
el curso de la Vigilia los jóvenes han escuchado el video mensaje del Santo
Padre.
Éstas
fueron las palabras del Pontífice, según una traducción de Vatican News:
“Queridos
amigos,
Estoy
contento de participar en la Vigilia mariana internacional de los jóvenes en
preparación de la próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos, organizada en el
nuevo Santuario de San Gabriel de la Dolorosa. Es verdad que estoy físicamente
lejos de ustedes, pero gracias a las modernas tecnologías de la comunicación
tenemos la posibilidad de acercar las distancias. En realidad, nosotros
cristianos sabemos desde siempre que la única fe y la oración concorde unen a
los creyentes de todo el mundo: ¡se puede decir que, aun sin saberlo, hemos
sido precursores de la revolución digital!
Saludo
a vuestro Pastor, Mons. Lorenzo Leuzzi, que desde el inicio de su ministerio en
medio a ustedes los ha involucrado en el camino sinodal, y al Card.
Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, que celebra la Santa Misas
para ustedes.
Quisiera
ahora confiarles algunos pensamientos que son para mí particularmente
importantes.
El
primer pensamiento es para María. Es bello que jóvenes recen el Rosario,
manifestando así su afecto por la Virgen. Su mensaje, de hecho, es hoy más
actual que nunca. Y esto porque Ella es una joven entre los jóvenes, una “mujer
de nuestro tiempo”, como amaba decir don Tonino Bello.
Era
joven – quizás apenas adolescente – cuando el Ángel le dirigió la palabra,
trastornado sus pequeños proyectos para volverla parte del gran proyecto de
Dios en Jesucristo. Permaneció joven también después, cuando no obstante el
pasar de los años, se hizo discípula del Hijo, con el entusiasmo de los
jóvenes, y lo siguió hasta la cruz con el coraje que sólo los jóvenes poseen.
Permanece siempre joven también ahora que la contemplamos Asunta al Cielo,
porque la santidad mantiene eternamente jóvenes, es el verdadero “elixir de
juventud” del cual tenemos tanta necesidad. Es la renovada juventud que nos ha
traído la resurrección del Señor.
Lo
había entendido bien San Gabriel de la Dolorosa, patrono de los estudiantes, un
santo joven enamorado de María. Él, que había perdido su madre de niño, sabía
que tenía en el Cielo dos mamás que vigilaban sobre él. Y así, se comprende su
gran amor por la oración del Rosario y su tierna devoción por la Virgen, que quiso
asociar para siempre al propio nombre cuando, a solo dieciocho años, se
consagró a Dios en la Familia religiosa de los Pasionistas, volviéndose Gabriel
de la Dolorosa.
Como
he reiterado recientemente en la Exhortación apostólica Gaudete et
exsultate, “la santidad es el rostro más hermoso de la Iglesia” (n. 9) y la
transforma en una comunidad “simpática” (cfr n. 93). Si San Ambrosio se decía
convencido de que “cada edad es madura para la santidad” (De virginitate, 40),
sin dudas lo es también la edad juvenil. Entonces ¡no tengan miedo de ser
santos, mirando a María, a San Gabriel y a todos los santos que los han
precedido y les indican el camino!
El
primer pensamiento es para María. El segundo pensamiento es para los
jóvenes conectados con ustedes desde diversas partes del mundo para
participar en esta Vigilia.
Saludo
con afecto a los jóvenes de Panamá, reunidos en el Santuario internacional del
Corazón de María, con el Obispo Mons. Domingo Ulloa Mendieta, con los cuales me
encontraré en próximo año en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud; a
los jóvenes de la Federación Rusa, reunidos en la Catedral de la
Transfiguración en Novosibirsk, con su Obispo Mons. Joseph Werth y el Delegado
para los jóvenes de toda Rusia, Mons. Clemens Pickel; a los jóvenes de Irlanda,
conectados desde la Glencomeragh House, Casa de Oración y formación para los
jóvenes, junto al Obispo Mons. Alphonsus Cullinan; y finalmente, a los jóvenes
de Taiwán, reunidos en Taiwán en la Iglesia dedicada a Nuestra Señora de la
Asunción. Precisamente en estos días los Obispos de Taiwán están en Roma para
la Visita ad limina. ¡Estarán contentos de saber que sus jóvenes rezan y que
hoy están ellos también junto al Sucesor de Pedro!
Queridos
jóvenes, unidos en la oración desde lugares tan lejanos, ustedes son una
profecía de paz y de reconciliación para la entera humanidad. No me cansaré
jamás de repetirlo: ¡no levanten muros, construyan puentes! ¡No levanten muros,
construyan puentes! Unan las orillas de los océanos que los separan con el entusiasmo,
la determinación y el amor del cual son capaces. Enseñen a los adultos, cuyo
corazón a menudo se ha endurecido, a elegir el camino del diálogo y de la
concordia, para entregar a sus hijos y a sus nietos un mundo más bello y más
digno del hombre.
El
tercero y último pensamiento es para el Sínodo ya cercano. Saben ya que la
próxima Asamblea del Sínodo de los Obispos será dedicada a “Los jóvenes, la fe
y el discernimiento vocacional”, y que toda la Iglesia está ya desde hace
tiempo intensamente comprometida en el camino sinodal.
Encontrando
a tantos jóvenes como ustedes en ocasión de la Reunión pre-Sinodal del pasado
marzo, puse en guardia del peligro de hablar de los jóvenes sin hacer hablar a
los jóvenes dejándolos a “distancia de seguridad”. Los jóvenes no muerden,
pueden acercarse y tienen el entusiasmo, y ustedes además del entusiasmo tienen
la llave del futuro.
Queridos
jóvenes, volviendo al seno de sus familias y de sus parroquias – en Teramo, en
Panamá, en Rusia, en Irlanda, en Taiwán, - no se dejen callar. Cierto, quien
habla puede equivocarse y también los jóvenes alguna vez se equivocan, son
humanos, pecando de imprudencia, por ejemplo. Pero no tengan miedo de
equivocarse y de aprender de sus errores, así se va adelante. Si alguien –
incluidos sus padres, sus sacerdotes, sus enseñantes – probará a cerrarles la
boca, recuérdenles que la Iglesia y el mundo tienen necesidad también de los
jóvenes para rejuvenecerse a sí mismos. Y no se olviden de tener a su lado
aliados invencibles: Cristo, el eternamente joven, María, mujer joven, San
Gabriel y todos los Santos, que son el secreto de la perenne juventud de la
Iglesia. ¡Gracias!”
María
Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano
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