En
su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa
Marta, el último martes de abril, el Santo Padre Francisco reflexionó sobre las
resistencias del hombre a la obra del Espíritu Santo
En
la historia del hombre “siempre habrá resistencias al Espíritu Santo”,
oposiciones a las novedades y a los “cambios”. Inspirándose en la liturgia del
día, el Papa se detuvo a considerar las diversas actitudes que el hombre adopta
ante las novedades del Señor que, como dijo, “siempre sale a nuestro encuentro
con algo nuevo” y “original”.
Los prisioneros de las
ideas
En
el Evangelio de Juan se observa la cerrazón de los Doctores de la Ley, que
consiste en una actitud que se transforma en “rigidez”. Se trata de hombres
sólo capaces de ponerse en el centro, ellos mismo, inertes a la obra del
Espíritu Santo e insensibles a las novedades. Además, el Pontífice subrayó
especialmente la completa incapacidad que tenían para “discernir los signos de
los tiempos”, es decir, el hecho de ser esclavos de las palabras y de las
ideas. Vuelven sobre la misma pregunta, son incapaces de salir de aquel mundo
cerrado, son prisioneros de las ideas.
“Han
recibido la ley que era vida pero la han ‘destilado’, la han transformado en
ideología y así giran, giran, son incapaces de salir, y cualquier novedad para
ellos es una amenaza”.
La libertad de los hijos
de Dios
Muy
diferente, en cambio, debería ser el espesor de los hijos de Dios, que aun
teniendo tal vez una inicial reticencia, son libres y capaces de poner en el
centro al Espíritu Santo. El ejemplo de los primeros discípulos – relatado en
la Primera Lectura – evidencia su docilidad a lo nuevo y la actitud a sembrar
la Palabra de Dios incluso fuera del acostumbrado esquema del “siempre se ha
hecho así”. Ellos – reafirmó el Papa Bergoglio – “han permanecido dóciles al
Espíritu Santo para hacer algo que era más que una revolución”, “un cambio
fuerte”, y en el centro “estaba el Espíritu Santo: no la ley, el Espíritu
Santo”.
“Y
la Iglesia era una Iglesia en movimiento, una Iglesia que iba más allá de sí
misma. No era un grupo cerrado de elegidos, una Iglesia misionera: es más, el
equilibrio de la Iglesia, por decirlo de alguna manera, está precisamente en la
movilidad, en la fidelidad al Espíritu Santo. Alguien decía que el equilibrio
de la Iglesia se asemeja al equilibrio de la bicicleta: está detenida, y va
bien cuando está en movimiento; si tú la dejas quieta, se cae. Un buen
ejemplo”.
Oración y discernimiento
para encontrar el camino
Cerrazón
y apertura: dos polos contrapuestos que ilustran el modo de reaccionar del
hombre ante el soplo del Espíritu Santo. En cuanto al segundo, el Papa
Francisco concluyó diciendo que es típico precisamente “de los discípulos, de
los apóstoles”, aun con alguna resistencia inicial, que es también “una
garantía del hecho de que no se dejan engañar”, y después, “con la oración y el
discernimiento encuentran el camino”.
“Siempre
habrá resistencias al Espíritu Santo, siempre, siempre hasta el fin del mundo.
Que el Señor nos dé la gracia de saber resistir a lo que debemos resistir, a lo
que viene del maligno, aquello que nos quita la libertad y sepamos abrirnos a
las novedades, pero sólo a las que vienen de Dios, con la fuerza del Espíritu
Santo, y que nos dé la gracia de discernir los signos del tiempo para tomar las
decisiones que deberemos tomar en aquel momento”.
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