Mutaciones
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Mientras
estaba en la cocina, por la ventana llegaron unos alegres ladridos desde la
huerta. Me asomé a mirar y...
-¡Oh,
no! ¿Quién eres tú y qué has hecho con nuestro perro?
Jubi
me miraba moviendo el rabo con entusiasmo, sin percatarse de la gravedad de la
situación. Las patas y el morro, habitualmente blancos... ¡ahora eran de color
negro!
Al
parecer, nuestra beagle había encontrado el saco de hollín que había salido de
la limpieza de la chimenea, y no se le ocurrió mejor cosa que meterse dentro a
husmear. No tiene remedio...
La
verdad es que llega la época en que Jubi cambia de color con facilidad. Sí,
pronto habrá que empezar a cortar la hierba, y no hay cosa que más le guste que
revolcarse en la hierba recién cortada, que, por cierto, segrega el famoso
verdín, que mancha de lo lindo... ¿Quién dijo que un perro verde era algo raro?
O,
cuando empieza el calor, le apasiona meterse en la huerta cuando acaban de
regarla, y salir de barro hasta las orejas. ¡Esa es la versión marrón de Jubi!
De
pronto he caído en la cuenta de que esto mismo es lo que nos pasa a nosotros.
Lo que tenemos a nuestro alrededor, aquellos con quienes estamos, ¡pueden modificar
nuestro color! “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice el refrán. Y,
si esto se da entre hombres, ¡cuánto más con el Señor!
Estando
ratos con Él, sin saber cómo, se nos va pegando su forma de ver las cosas, su
paz, su compasión... ¡su amor por todos!
“Venid
a mí”, nos dice Jesús en el evangelio. Y es que su sola presencia tiene poder
para transformarnos, para quitar las manchas, para llenar de brillo nuestro
color. En el Sagrario, el mismo Cristo que caminaba por Galilea te espera.
¿Y
tú? ¿Con quién andas?
Hoy
el reto del amor es buscar un Sagrario y sentarte un ratito con el Señor. ¡Él
ya está deseando que llegue ese momento! No hace falta que le digas nada, basta
con que estés a su lado. Te aseguro que unos minutos Le bastarán para que tu corazón
brille con un nuevo color. E, igual que Jubi iba luego manchando por donde
pisaba, ahora que tú rebosas de Su amor, ¡lo irás contagiando por donde pases!
¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
