Audiencia
del Papa Francisco a los miembros de la Federación de Colegios de Enfermeros
Profesionales, Auxiliares de Salud, Asistentes de Guarderías de Italia, a
quienes recibió en audiencia en el Aula Pablo VI del Vaticano
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| El Papa saluda a un grupo de enfermos |
Audiencia
del Papa Francisco a los miembros de la Federación de Colegios de Enfermeros
Profesionales, Auxiliares de Salud, Asistentes de Guarderías de Italia, a
quienes recibió en audiencia en el Aula Pablo VI del Vaticano.
“Estando con los enfermos y ejercitando su
profesión ustedes mismos tocan a los enfermos y cuidan de su cuerpo. Cuando lo
hagan, recuerden como Jesús tocó al leproso: no de modo distraído, indiferente
o con fastidio, sino atento y amoroso, que lo hizo sentir respetado y acudido”,
lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la Federación de Colegios de
Enfermeros Profesionales, Auxiliares de Salud, Asistentes de Guarderías de
Italia, a quienes recibió en audiencia la mañana de este sábado, 3 de marzo, en
el Aula Pablo VI del Vaticano.
El rol insustituible de
los Enfermeros
En
su discurso, el Santo Padre expresó su reconocimiento y estima personal, a los
miembros de esta Federación por el precioso trabajo que desempeñan en favor de
tantas personas y por el bien de toda la sociedad; y los alentó a seguir
trabajando con profesionalidad tras haber recibido el reconocimiento de sus
constituciones por parte del Parlamento italiano.
“Es
verdaderamente insustituible – afirma el Pontífice – el rol de los enfermeros
en la asistencia a los enfermos. Como ningún otro, el enfermero tiene una
relación directa y continua con los pacientes, cuida de ellos cotidianamente,
escucha sus necesidades y entra en contacto con el mismo cuerpo, al cual
acude”. Es peculiar el aporte a la curación que realizan con sus acciones,
subraya el Santo Padre, encargándose integralmente de las necesidades de las
personas, con esa típica premura que los pacientes reconocen en ustedes, y que
representa una parte fundamental en el proceso de curación y sanación.
Capacidad técnica y
sensibilidad humana
Refiriéndose
al Código Deontológico Internacional del Enfermero, el Papa Francisco recuerda
los cuatro deberes fundamentales de esta profesión: “promover la salud,
prevenir la enfermedad, restaurar la salud y aliviar el sufrimiento”. Esta
profesionalidad, señala el Pontífice, no se manifiesta sólo en ámbito técnico,
sino también y quizás todavía más en la esfera de las relaciones humanas.
“Cuidando de hombre y mujeres, de niños y ancianos, en cada fase de sus vidas,
desde el nacimiento hasta la muerte – afirma el Papa – están comprometidos en
una continua escucha, listos a comprender cuales sean las exigencias de ese
enfermo, en la fase que está atravesando”.
Para
realizar este trabajo, precisa el Papa Francisco, no se necesita solamente un
protocolo, sino también un continuo esfuerzo de discernimiento y atención a
cada persona, esto es lo que hace de su profesión una verdadera “misión” y de
ustedes “expertos en humanidad”. Por ello, agrega el Pontífice, la sensibilidad
que adquieran cada día en el contacto con los pacientes, haga de ustedes
promotores de la vida y de la dignidad de las personas.
“La ternura es la clave
para entender al enfermo, y es también una medicina preciosa para su curación”
La ternura clave para
entender y curar a los enfermos
En
este sentido, el Obispo de Roma recuerda que para la Iglesia, los enfermos son
personas en quienes de modo especial está presente Jesús, ya que en todo su
ministerio, Jesús estuvo cerca de los enfermos, los acogió con amor y a muchos
de ellos los sanó, tal como hizo con el leproso descrito en el Evangelio de
Mateo, a quien donó no sólo la curación física, sino también la curación del
corazón, porque el leproso no sólo fue curado en el cuerpo, sino también se
sintió amado.
“Estando
con los enfermos y ejercitando su profesión – alienta el Papa Francisco a los
Enfermeros – ustedes mismos tocan a los enfermos y cuidan de su cuerpo. Cuando
lo hagan, recuerden como Jesús tocó al leproso: no de modo distraído,
indiferente o con fastidio, sino atento y amoroso, que lo hizo sentir respetado
y acudido. De este modo se restablece la cercanía de Dios Padre, de su ternura
por cada uno de sus hijos. Justamente la ternura es la clave para entender al
enfermo, y es también una medicina preciosa para su curación”.
Renato
Martínez – Ciudad del Vaticano
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