Tengo una debilidad...
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Encender
la gloria es una tarea que me encanta. Me gusta salir bien de mañana a la
huerta y, al coger la leña, disfrutar del paisaje observando ese rocío sobre la
hierba, o esos días que aparecen los rayos de sol entre las ramas de los
árboles...
El
otro día, mientras me encontraba cargando una carretilla de leña, me di cuenta
de que, en uno de los guantes que estaba utilizando, había un dedo
completamente agujereado.
Me
declaro abiertamente una miedosa a todo tipo de arañas, avispas, abejas o
cualquier tipo de bichito de estos que pican...
Con
todo lo grande que soy, y que estos animalillos tan pequeños me reduzcan...
Aquel agujero en mi guante me estaba reclamado ir corriendo a cambiarlo.
De
buenas a primeras quise seguir trabajando sin razonar más, pero, cuando entre
rama y rama, vi una enorme araña... solté los palos de golpe como queriendo
invitarla a huir rápido y lejos de mí...
Qué
miedo tan absurdo, ¿verdad? En aquel momento me di cuenta. Y el Señor me regaló
ver que, igual que este pequeño miedo, cualquier miedo es igual de absurdo.
Vemos un acontecimiento y entra en juego nuestra razón: “¿Qué pasará?”, “¿Podré
con ello?”, “¿Sucederá esto o aquello? ...” y comenzamos a adelantar
acontecimientos que aún no han sucedido, y seguramente no lleguen a suceder o,
al menos, seguro que no serán como uno se los imagina.
El
miedo esconde una trampa, y es que nos paraliza y nos atemoriza pretendiendo
impedirnos continuar con la alegría y la libertad con que querríamos vivir las
cosas. Al miedo, en realidad, le damos paso nosotros abriéndole la puerta en
nuestra vida. No es que no existan peligros, pero el miedo nunca es solución
para ninguno de ellos.
Lo
contrario al miedo es la confianza. Y la confianza es soltar cada día tu vida
en manos de Cristo. Es descubrir que, llevando tú las riendas, lo que te espera
es miedo, desconfianza, intranquilidad... pero, si cada día te vuelves a Él y
sueltas las riendas en Sus manos, descubres la paz que se tiene cuando Él lo
lleva todo.
Cristo
siempre está contigo, y es capaz de enderezar cualquier cosa que no te salga
bien. Él te protege y, aunque sucediera un mal en tu vida, sólo Él es capaz de
sacar un bien mayor de ahí.
Hoy
el reto del amor es no tener miedo. Cierra la puerta a los miedos y ábresela a
Cristo. Vuelve a ser niño y a descansar en Sus brazos, y que ningún miedo te
quite la alegría.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
