La paciencia todo lo
alcanza
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hasta
ahora sólo había pintado ángeles “rococós”. Estos tienen una tela cubriéndoles
el cuerpo, y la tela en cuestión llena de pliegues y recovecos. Esas vueltas
hacen que sea bastante fácil pintarla: das pintura a todo, sacas unos
brillos... ¡y listo!
Sin
embargo, esta vez estoy trabajando unos angelitos totalmente diferentes. Van
vestidos con largas túnicas... prácticamente lisas.
“¿Cómo
haré para que estas túnicas queden con ‘vida’, que no sea el color sin más?”,
pensaba.
No
sé si leyó mis pensamientos o si el Señor la inspiró, pero al instante Inés me
comentó:
-Esas
túnicas quedan muy bonitas si trabajas mucho las sombras.
A
ello me puse. Descubrí que no podía “pintar todo de una vez” (como hacía con
las telas): ahora tenía que dar el color base, dar una mano de sombras, luego
otra... ¡Cuestión de paciencia!
Entonces
me di cuenta de que... ¡así actúa el Señor con nosotros!
Admitámoslo.
A todos nos encantaría que Cristo nos trasformara “todo de una vez”: en un
instante, ¡zas!, y ya tenemos una criatura nueva. Es verdad que, en ciertos
momentos, puede obrar grandes cambios en nosotros de repente; pero es mucho más
habitual que vaya poco a poco, una mano de sombra tras otra... ¡Le encantan los
procesos!
Hace
tiempo me contaron un cuentecillo. Se trataba de un hombre que le pedía al
Señor una manzana... y Cristo le entregó una semilla. A nosotros, acostumbrados
a que todo esté a un click de distancia, nos encanta la inmediatez. Pero Cristo
prefiere el proceso: no la manzana, sino la belleza de cultivar juntos el
árbol. Requiere paciencia, ¡pero es que a Él le gusta trabajar con nosotros!
Nos tiene en muy alta estima como para dejarnos al margen y dárnoslo hecho...
El
cuentecillo no tenía final. ¿Qué haremos? ¿Diremos que el Señor no nos escucha
y abandonaremos la semilla? O bien, ¿la plantaremos, trabajaremos con Cristo,
esperaremos en el Señor?
Hoy
el reto del amor es confiar en Cristo. Te invito a que hoy, en tu oración,
hagas un acto de fe. Dile al Señor que crees firmemente que Él está trabajando
en ti, ¡que está haciendo una obra maravillosa! No desesperes si no ves
cambios, sólo confía y pide al Señor que te muestre cuál es tu parte en este
trabajo en equipo para que Su semilla crezca en ti. Es cuestión de paciencia,
¡pero la cosecha está asegurada! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
