EL HIJO PRÓDIGO
Regresar al Padre misericordioso
Regresar al Padre misericordioso
Lucas.
15, 11-32
Esta
parábola resume los diversos temas y mensajes de las parábolas de conversión y
perdón que hemos visto anteriormente.
Es
una radiografía de todo el proceso de la conversión.
PRIMER
MOMENTO: PECADO
1.
“Un hombre tenía dos hijos”: Paternidad divina y fraternidad humana.
El
mundo de la gracia está construido sobre un esquema de familia: consiste en la
paternidad de Dios y en la fraternidad de todos los hombres redimidos por
Cristo.
2.
“El menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me
corresponde”:
Ruptura
con el padre y con los hermanos.
Dentro
del cuadro de familia cimentado sobre la gracia, el pecado supone una ruptura
con el Padre y con los hermanos.
3.
“Y el padre les repartió sus bienes”. Respeto a la libertad.
La
conducta transigente del padre expresa de algún modo la lógica de libertad con
que gobierna Dios a los hombres; no quiere esclavos sino hijos.
4.
“Se fue a un país lejano”. El pecado es alejamiento de Dios.
El
pecado se completa a través de un doble movimiento: dar las espaldas a Dios y
volverse a las criaturas, entregándose al disfrute desordenado de las cosas de
Dios en contra de Dios mismo.
5.
“Malgastó todos sus bienes”. El pecado es la ruina de todos los valores.
El
pecado reporta como triste consecuencia la quiebra y la perdida de los valores
espirituales y humanos. El hombre retrocede a actitudes de animalidad.
SEGUNDO
MOMENTO: ANGUSTIA, DOLOR DE CORAZÓN
1.
“Comenzó a sufrir privaciones”: Experiencia de carencia y angustia producida
por el pecado.
El
pecado provoca estados negativos de vacío y penuria que pueden causar
reacciones saludables hacia la reconquista de los valores perdidos.
2.
“Entonces fue y se puso al servicio de uno de los habitantes”: Evasión y
búsqueda de alternativas de Dios.(alienaciones)
El
primer efecto del estado de angustia producido por el pecado puede ser
embarcarse hacia nuevas lejanías y buscar sucedáneos del bien infinito que se
ha perdido.
3.
“Lo envió a su campo para cuidar los cerdos. El hubiera deseado calmar su
hambre con las bellotas”. Esclavitud y abyección.
El
pecado termina en la esclavitud. ”El que peca se hace esclavo del pecado” Juan.
8, 34.
4.
“Pero nadie se las daba”: El pecado aísla, vacío y soledad.
Por
mucho que se engañe con sus evasiones, no puede el hombre recibir de los sucedáneos
de Dios lo que sólo Dios puede darle. El alejamiento de Dios conduce a la nada
y al hambre total.
TERCER
MOMENTO: ARREPENTIMIENTO, REGRESO Y CONVERSIÓN
5.
“Entonces volvió en sí”: De la angustia a la reflexión y de la reflexión a descubrir
su verdadera identidad como hijo de Dios.
Lucas.
15, 11-32
También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su
padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país
lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo,
vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y
se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar
cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba
nada.
Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen
abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en
camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no
merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino
adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron
las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela;
ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y
sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y
ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música
y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le
contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha
recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba
persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin
desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un
banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido
tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás
siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y
alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos
encontrado”».
Fuente:
ACI