Discurso al ‘Grupo Santa
Marta’
Ayer, 9 de febrero de 2018, a las 12 horas, el Santo Padre Francisco ha
recibido en audiencia a los miembros del ‘Grupo Santa Marta’, al final de la
reunión que ha tenido lugar en el Vaticano del 8 al 9 de febrero, sobre la
trata
Discurso del Papa
Francisco
Queridos
hermanos obispos:
Queridos
amigos,
Os
doy la bienvenida, miembros del Grupo Santa Marta, al concluir vuestra
Conferencia, dedicada este año a ofrecer una perspectiva mundial sobre la trata
de seres humanos y sobre las formas modernas de esclavitud. En calidad de
líderes de las fuerzas del orden, de la investigación, de las políticas
públicas y la asistencia pastoral, dais una contribución esencial para abordar
las causas y los efectos de este flagelo moderno, que sigue causando indecibles
sufrimientos humanos.
Mi
esperanza es que estos días de reflexión e intercambio de experiencias hayan
arrojado todavía más luz sobre la interacción de las problemáticas mundiales y
locales de la trata de personas humanas. La experiencia demuestra que esas
formas modernas de esclavitud están mucho más extendidas de lo que se podría
imaginar, incluso -para nuestra vergüenza y escándalo- dentro de nuestras
sociedades más prósperas.
El
grito de Dios a Caín, que se encuentra en las primeras páginas de la Biblia –
“¿Dónde está tu hermano?” – nos empuja a examinar seriamente las diversas
formas de complicidad con las que la sociedad tolera y alienta, particularmente
con respecto a la trata con fines sexuales, la explotación de hombres, mujeres
y niños vulnerables (véase la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 211).
Las iniciativas destinadas a combatir la trata de personas, en su objetivo
concreto de desmantelar las redes criminales, deben tener cada vez más en
cuenta los amplios sectores relacionados, como, por ejemplo, el uso responsable
de las tecnologías y los medios de comunicación, sin mencionar el estudio de
las implicaciones éticas de los modelos de crecimiento económico que dan la
prioridad a los beneficios en lugar de a las personas.
Confío
en que vuestras discusiones de estos días también contribuirán a incrementar la
toma de conciencia sobre la creciente necesidad de ayudar a las víctimas de
estos crímenes, acompañándolas en un camino de reintegración en la sociedad y
restableciendo su dignidad humana. La Iglesia está agradecida por todos los
esfuerzos realizados para llevar el bálsamo de la misericordia divina a los que
sufren, porque este es también un paso esencial para la rehabilitación y la
renovación de la sociedad en su conjunto.
Queridos
amigos, con gratitud por vuestro compromiso y vuestra colaboración en este
sector crucial, os expreso mis mejores deseos, acompañados de la oración, para
la continuación de vuestro trabajo. Sobre vosotros, vuestras familias y todos
aquellos a quienes servís, invoco la bendición del Señor que da sabiduría,
fuerza y paz. Y os pido, por favor,
que recéis por mí.
© Librería Editorial Vaticano
Fuente:
Zenit
