A pesar de todo lo que se
habla de Él, Cristo es un marginado en nuestra cultura
Tal
como explicó el mismo Predicador de la Casa Pontificia, las meditaciones de
Adviento de este año serán sólo dos, por razones de calendario y tienen el
objetivo de situar a la Persona divino-humana de Cristo en el centro de los dos
grandes componentes que constituyen “lo real”, o sea el cosmos y la historia;
el espacio y el tiempo; la creación y el hombre. De ahí que haya sugerido tener
en cuenta que “a pesar de todo lo que se habla de Él, Cristo es un marginado en
nuestra cultura”. Sí,
puesto que – como afirmó el Padre Cantalamessa – “está totalmente ausente” de
los tres principales diálogos donde la fe está comprometida en el mundo
contemporáneo, a saber: “con la ciencia, con la filosofía” y “entre las
religiones”.
Relación entre Cristo y el
cosmos
Entre
los temas abordados en esta primera predicción destacamos: “Cristo y la
creación”, es decir, todo lo que atañe a la relación entre Cristo y el
cosmos. “El Espíritu de Cristo”, argumento que lo llevó a preguntase, por
ejemplo, si el Hijo de Dios ¿tiene algo que decir sobre el problema candente de
la ecología y de la salvaguarda de la creación, o si ésta se desarrolla de modo
totalmente independiente de Él, como un problema que afecta, eventualmente, a
la teología, pero no a la cristología?
A
lo que añadió que, en su opinión, la falta de una respuesta clara por parte de
los teólogos a esta pregunta depende, como tantas otras lagunas, de una escasa
atención al Espíritu Santo y a su relación con Cristo resucitado. Por esta
razón destacó que “el Espíritu Santo es la fuerza misteriosa que impulsa la
creación hacia su plenitud”. A la vez que recordó que hablando de la evolución
del orden social, el Concilio Ecuménico Vaticano II afirma que “el
Espíritu de Dios que, con admirable providencia, dirige el curso de los tiempos
y renueva la faz de la tierra, está presente en dicha evolución”.
Refiriéndose
a un autor anónimo del siglo II que ve que este prodigio se repite en la nueva
creación que se realiza mediante la Pascua de Cristo, destacó que “lo que el
Espíritu de Dios obró en el momento de la creación, lo obra ahora el Espíritu
de Cristo en la redención”.
Asimismo
el Predicador de la Casa Pontificia aludió a “cómo actúa Cristo en la
creación”, si ¿también tiene algo que decir sobre los problemas prácticos que
el reto ecológico plantea a la humanidad y a la Iglesia? O ¿en
qué sentido podemos decir que Cristo – que actúa a través de su Espíritu – es
el elemento clave para un sano y realista ecologismo cristiano?”. A lo que
respondió que cree que sí, es decir, que Cristo desempeña una función decisiva
también sobre los problemas concretos de la salvaguarda de la creación, si bien
la desarrolla de manera indirecta, o sea trabajando sobre el hombre y a
través del hombre sobre la misma creación.
He venido para servir
También
afirmó que la novedad traída por Cristo a este ámbito es que él ha
revelado el verdadero sentido de la palabra “dominio”, como es entendido por Dios,
lo que quiere decir, “como servicio”. Mientras todas las motivaciones que los
teólogos han intentado dar a la encarnación – al “porqué Dios se ha hecho
hombre” – caen ante la evidencia de la declaración en la que dice: “He venido
para servir y para dar la vida para muchos”. De manera que se trata de aplicar
“esta nueva idea de dominio” también a la relación con la creación, sirviéndose
ciertamente de ella, pero también “sirviéndola”, lo que significa, “respetándola,
defendiéndola y protegiéndola de cualquier violación”.
La Navidad es una llamada
fuerte a la sobriedad y austeridad
A
este punto de su mediación el Padre Cantalamessa recordó que la Navidad es
una llamada fuerte a la sobriedad y austeridad en el uso de las cosas, tal
como nos lo demuestra el mismo Creador que, haciéndose Hombre, se contentó
con un establo para nacer. De modo que todos, creyentes y no creyentes –
dijo – estamos llamados a comprometernos con el ideal de la sobriedad y del
respeto de la creación, si bien nosotros los cristianos, “debemos hacerlo por
un motivo y con una intención más y diferente”. Puesto que “si el Padre
celestial hizo todo por medio de Cristo y con vistas a Cristo, también nosotros
debemos tratar de hacer todas las cosas así, es decir, “con su gracia y para su
gloria”, incluyendo lo que hacemos en este día.
De
María Fernanda Bernasconi, SpC
Radio
Vaticano
