Tan sólo dos cosas
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hace
unos días estuvimos viendo una película sobre la vida de María que plasmaba muy
bien las escenas del evangelio que vamos a celebrar estos días.
Cuando
ya está tan cercana la Navidad, me encanta imaginarme a la Virgen en aquellos
momentos tan emocionantes y, a la vez, tan desconcertantes.
Pero
especialmente me viene a la memoria una escena novelada de la película, en la
que Ana, la madre de María, le muestra a su Hija el agobio que siente por verla
embarazada, a punto de ser abandonada por José, mal vista en el pueblo, sin
futuro asegurado... y le ofrece soluciones humanas, decisiones que tomar, cosas
que resolver... pero María tan sólo espera.
Y,
tras un cambio de escena, aparece María sentada, mirando al infinito, tocando
su tripa como inmersa en un diálogo con su Hijo, y, al entrar su madre de nuevo
en escena, María le comenta que ha estado pensando en lo que le había dicho, y
concluye:
-¿Sabes?
El Ángel sólo me dijo que hiciera dos cosas: que me alegrara, y que le pusiera
por nombre “Jesús”.
Me
ayuda mucho durante el día traer a la memoria aquella escena. ¡Cómo confía
María...! No sabe cómo se va a solucionar todo, pero sabe que de Ella no
depende. Que Ella tan sólo tiene que hacer dos cosas: alegrarse y ponerle por
nombre Jesús, que quiere decir “Dios salva”. Ella sabe que la solución está en
Jesús, y tan sólo le queda esperar; Él marcará el camino. Y, como sabemos, así
lo hizo, de la manera más inesperada: un sueño, que hace que José cambie su
decisión por completo.
También
hoy tú recibes este anuncio del Ángel, que te dice estas dos cosas: te invita a
la alegría, y a llenarte de confianza. Que toda necesidad que tengas, puedes
ponerle nombre, “Jesús”; que, ante ese desconcierto que estás viviendo, la
solución se llama “Jesús”. Para eso viene, para eso se hace carne: por ti, para
salvarte.
María
no dejó que la duda invadiera su corazón. Ahí me daba cuenta de que, el que
está alegre (pero de esa alegría profunda), es porque vive desde la confianza.
Hoy
el reto del amor es vivir el día sin perder la alegría. Trabajos de última
hora, estrés, prisas, compras... Todo apunta a falta de paz. Sin embargo, hoy
prueba a vivir el día de la mano de María. Deja que sea Ella la que te cuente
su secreto, apóyate en Ella para confiar, dale tu mano y hazle feliz dejando que
sea Cristo quien gobierne tu vida.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
