Actualmente promueve el encuentro
y el perdón, pero también exige justicia para las víctimas del Gobierno de
Nicolás Maduro
Desde el 12 de
febrero de 2014, en las ciudades más importantes de Venezuela, se iniciaron
diversas jornadas de protestas en contra del Gobierno de Nicolás Maduro. La
Guardia Nacional Bolivariana (GNB), siempre ha sido uno de los cuerpos de
seguridad encargados de arremeter contra los estudiantes y demás ciudadanos,
que presionan al régimen socialista anhelando una mejor calidad de vida en el
país bolivariano.
Bajo este
contexto histórico reciente de la realidad venezolana, Rosa María Orozco,
conversó con Aleteia, recordando el momento en el que
su hija, Geraldine Moreno Orozco, de 23 años de edad y estudiante del quinto
semestre de Citotecnología, fue asesinada por funcionarios de la GNB, frente a
su residencia en el estado Carabobo.
¿Cómo ocurrió la muerte de Geraldine Moreno?
“Fue el 19 de
febrero de 2014. Faltaban quince minutos para las 8 de la noche, cuando mi niña
recibió varios disparos de perdigones en el rostro. Yo estaba en el
apartamento, y aunque no era la primera vez que manifestaba su rechazo al
gobierno, ya que siempre lo hacíamos juntas, en esa ocasión ‘Geral’ salió de
primera”, recordó Rosa.
Narró que
varios perdigones se le incrustaron en el rostro causándole severos daños a la
joven. Geraldine corría hacia el interior de la residencia huyendo de los
militares que arremetían contra los manifestantes en el sector Tazajal en
Naguanagua. Volteó para ver a sus perseguidores, que eran miembros de la GNB.
Éstos le dispararon por la espalda y cayó al suelo. Intentó levantarse pero se
acercó un funcionario y le disparó a quemarropa en la cara. Quedó mal herida en
medio de un charco de sangre.
Luego de tres
días de estar internada en un centro médico de la zona, Geraldine Moreno se
convirtió en la segunda víctima mortal que ese año 2014 había caído en
Carabobo, a manos de los funcionarios de seguridad del Gobierno de Nicolás
Maduro.
Rosa perdonó a los asesinos
Su testimonio
fue presentado en las instancias judiciales de Venezuela, en la Organización de
Estados Americanos (OEA), y en instituciones de otros países que defienden los
derechos humanos. El Parlamento Venezolano fue una de las instancias en las que
habló el 21 de febrero de este año. “Mi hija
tendría 27 años, de no ser por ese disparo a quemarropa de parte de
funcionarios policiales”, dijo a los diputados.
Explicó en
medio de la conmovida Asamblea Nacional: “En una de esas tantas audiencias, le
pregunté al guardia que le disparó a 10 centímetros del rostro de mi hija: ¿Por
qué lo hiciste? ¿Qué te hizo mi muchacha? El GN bajó su cara, miró el piso”.
Indicó que “es
muy difícil tomar este tipo de decisiones cuando nos han reprimido, nos han
violentado, nos han asesinado y nos han sido vulnerados nuestros
derechos”. “Yo le dije a ese guardia, yo te perdono porque yo quiero
ser libre, porque mi alma quiere que sea libre, yo te perdono porque
yo quiero que mi hija sea libre”, expresó.
Se describió
como una mujer católica, que “ama a Dios y a la Virgen”. Por eso entendió que solo
perdonando iba a poder sentir paz y llenar de fuerzas para continuar en la
lucha por la justicia de Geraldine y de otros venezolanos. Sin embargo, aclaró:
“Perdonar no significa renunciar a la justicia que el país necesita en este
momento”.
Justicia, encuentro y perdón
El dramático
episodio le ha cambiado la vida a Rosa Orozco, quien es relacionista industrial
de profesión. También la ha afianzado en sus valores democráticos y para
continuar con la lucha en diversas instancias nacionales e internacionales creó
la asociación
civil Justicia, Encuentro y Perdón (JEP), de la que
es su actual directora.
Explicó las
razones de cada concepto. Justicia: “queremos que esto se cumpla en
todos los casos en los que se han visto involucrados nuestros muchachos y sus
familiares”. Encuentro: “porque ya estamos cansados del odio y
la división que nos han querido inculcar”. Perdón: “hay
personas con mucho resentimiento y odio a raíz de que el Gobierno ha violado
nuestros derechos fundamentales. Eso debe cambiar”.
Con la JEP
emprendió una serie de talleres en varios estados de Venezuela, acerca de lo
que significa el dolor y la justicia, especialmente en los familiares de las
víctimas. Contamos con la colaboración de abogados, psicólogos y expertos en
derechos humanos. Los familiares de las victimas exponen sus testimonios,
reciben apoyo y acompañamiento en las distintas etapas de estos dolorosos
procesos.
Decisión
incompleta. Por los hechos en que perdió la vida Geraldine
Moreno, los tribunales de Venezuela condenaron al sargento (GNB) Albin Bonilla
Rojas, quien deberá pagar 30 años de prisión; también, al sargento del mismo
cuerpo militar, Francisco Caridad Barroso, quien recibió una pena de 16 años y
6 meses de prisión.
La decisión no
satisface plenamente a Rosa Orozco porque, sostiene, en esos hechos estuvieron
involucradas otras personas que también deben ser juzgados de acuerdo con sus
responsabilidades, por lo que sigue luchando para que la justicia los alcance.
Cifras de la
JEP. En las protestas ocurridas el año 2014 en Venezuela,
el Gobierno habla de que fallecieron 43 ciudadanos, pero realmente ocurrieron
36 víctimas directas de los entes gubernamentales, el resto fueron casos
aislados. “De estas 36 personas, 19 víctimas eran del sector estudiantil y
miembros de la sociedad civil, quienes cayeron a manos de los cuerpos de
seguridad o los mal llamados colectivos”, explicó Orozco.
Citó que en
2015 ocurrió el caso del adolescente Kluiverth Roa, asesinado por policías
en el estado Táchira. En 2017 ocurrieron 128 asesinatos de manifestantes a manos
de los cuerpos represores del Gobierno de Nicolás Maduro. “Lo que más nos
impacta desde 2014 al 2017, es que hubo 37 personas muertas con disparos en la
cabeza”, una clara muestra de que en Venezuela “ha habido
ajusticiamientos”, concluyó.
Ramón Antonio
Pérez
Aleteia Venezuela
