No debemos esperar al
último momento de nuestra vida para cooperar con la gracia de Dios
“La
parábola de las diez vírgenes” fue el argumento que eligió el Papa
Francisco a la hora del rezo del Ángelus del segundo domingo de noviembre
Texto
de la reflexión del Papa antes del rezo del Ángelus
Queridos
hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En
este domingo, el Evangelio (cfr., Mt 25, 1-13) nos indica la condición para
entrar en el Reino de los Cielos. Y lo hace con la parábola de las diez
vírgenes: se trata de aquellas doncellas que estaban encargadas de acoger y
acompañar al esposo a la ceremonia de bodas, y ya que en aquellos tiempos era
costumbre celebrarlas de noche, las jóvenes estaban equipadas con lámparas.
La
parábola dice que cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco necias: en
efecto, las prudentes llevaron consigo el aceite para las lámparas, mientras
las necias no lo llevaron. El esposo tarda en llegar y todas se duermen. A
medianoche es anunciada la llegada del esposo; entonces las vírgenes necias se
dan cuenta que no tienen el aceite para las lámparas, y se lo piden a aquellas
prudentes. Pero éstas responden que no se lo pueden dar, porque no bastaría
para todas. Entonces mientras las necias van en búsqueda del aceite, llega el
esposo. Las vírgenes prudentes entran con él en la sala del banquete nupcial y
la puerta se cierra. Las cinco necias vuelven demasiado tarde, llaman a la
puerta pero la respuesta es: “No las conozco” (v. 12), y se quedan afuera.
¿Qué
nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Nos recuerda que debemos estar
preparados para el encuentro con Él. Muchas veces, en el Evangelio, Jesús
exhorta a velar, y lo hace también al final de este relato, dice así: “Estén prevenidos,
porque no saben ni el día ni la hora” (v. 13). Pero con esta parábola nos dice
que velar no significa solamente no dormir sino estar preparados; en efecto
todas las vírgenes se duermen antes que llegue el esposo, pero al despertarse
algunas están listas y otras no. Aquí está entonces el significado del ser
sabios y prudentes: se trata de no esperar el último momento de nuestra vida
para colaborar con la gracia de Dios, sino de hacerlo ya, ahora. Sería hermoso
pensar un poco: un día será el último. Si fuera hoy, ¿cómo estoy preparado,
preparada? Debo hacer esto y esto… prepararse como si fuera el último día: esto
hace bien.
La
lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras el aceite es
el símbolo de la caridad que alimenta, hace fecunda y creíble la luz de la fe.
La condición para estar preparados al encuentro con el Señor no es solamente la
fe, sino una vida cristiana rica de amor y de caridad por el prójimo. Si nos
dejamos guiar de lo que nos parece más cómodo, por la búsqueda de nuestros
intereses, nuestra vida se vuelve estéril, incapaz de dar la vida a los otros,
y no acumulamos ninguna reserva de aceite para la lámpara de nuestra fe y ésta
– la fe – se apagará al momento de la venida del Señor, o aun antes.
Si
en cambio estamos preparados y tratamos de hacer el bien, con gestos de amor,
de comunión, de servicio al prójimo en dificultad, podemos quedarnos tranquilos
mientras esperamos la venida del esposo: el Señor podrá venir en cualquier
momento, y también el sueño de la muerte no nos asusta, porque tenemos la
reserva de aceite, acumulada con las obras buenas de cada día. La fe inspira la
caridad y la caridad custodia la fe.
Que
la Virgen María nos ayude a volver nuestra fe siempre más activa por medio de
la caridad; para que nuestra lámpara pueda resplandecer ya aquí, en el camino
terreno, y luego para siempre, en la fiesta de bodas en el paraíso.
Palabras del Papa después
de la oración a la Madre de Dios
Queridos
hermanos y hermanas,
Ayer
en Madrid fueron proclamados Beatos Vicente Queralt LLoret y 20 compañeros
mártires y José María Fernández Sánchez y 38 compañeros mártires. Algunos de
los nuevos Beatos eran miembros de la Congregación de la Misión: sacerdotes,
hermanos coadjutores, novicios; otros eran laicos pertenecientes a la
Asociación de la Medalla Milagrosa. Todos fueron asesinados por odio a la fe
durante la persecución religiosa acaecida en el curso de la guerra civil
española entre el 1936 y el ’37. Demos gracias a Dios por el gran don de estos
testigos ejemplares de Cristo y del Evangelio.
Los
saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles que han
venido de Italia y de tantas partes del mundo. En particular saludo a los
peregrinos procedentes de Washington, Filadelfia, Brooklyn y Nueva York; al
coro parroquial Santa María Magdalena de Nuragus (Cerdeña), a los fieles de
Tuscania, Ercolano y Venecia; la Sociedad de bochas de Rosta y los confirmandos
de Galzignano.
A
todos les deseo un feliz domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí.
¡Buen almuerzo y hasta la vista!
Radio
Vaticano
