"Los
acontecimientos recientes han puesto de manifiesto hasta qué punto el pecado de
racismo continúa afligiendo a nuestra nación"
La Conferencia
de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) ha dado un paso importante para
enfrentar la ola de racismo que se ha desatado en ese país, sobre todo tras los
sucesos recientes de Charlottesville (Virginia): el enfrentamiento en el que
una persona murió al ser atropellada por un supremacista mientras se realizaba
una protesta en torno a la estatua del general confederado Robert Lee.
Soluciones a un pecado antiguo
Los prelados
estadounidenses, encabezados por el presidente de la USCCB, el cardenal de
Houston-Galveston Daniel Di Nardo, ha constituido un Comité ad hoc para
enfrentar “el pecado del racismo en nuestra sociedad, incluso en nuestra
Iglesia”.
El prelado que
encabezará el Comité es un afroamericano: monseñor George V. Murry, obispo de
Youngstown (Ohio), y actual presidente del Comité de Educación Católica de la
propia Conferencia.
Según ha dicho
el cardenal Di Nardo, el primero de los desafíos que habrá de enfrentar el
Comité *ad hoc* contra el racismo será potenciar “la urgente necesidad (que
tenemos) de unirnos como sociedad para encontrar soluciones” a un tema que no
deja de estar presente en la nación americana.
Según dijo el
cardenal de Houston-Galveston al anunciar la puesta en marcha de este Comité
que la USCCB venía confeccionando desde hace tiempo, “los
acontecimientos recientes han puesto de manifiesto hasta qué punto el pecado de
racismo continúa afligiendo a nuestra nación”.
Este nuevo
Comité ad hoc estará totalmente dedicado a comprometer a la
Iglesia católica y a la sociedad sociedad estadounidense, “a trabajar juntos,
en unidad, para desafiar el pecado del racismo, para escuchar a las personas
que sufren bajo este pecado y para unirse en el amor de Cristo para que se
conozcan como hermanos y hermanas”, escribió el cardenal Di Nardo en un
comunicado.
División de la familia humana
Por su parte,
el obispo Murry dijo: “Espero trabajar con mis hermanos obispos, así como con
las comunidades de todo Estados Unidos para escuchar las necesidades de las
personas que han sufrido bajo el pecado del racismo y juntos encontrar
soluciones a esta epidemia de odio que ha plagado a nuestra nación por
demasiado tiempo“.
Monseñor Murry
recalcó que “a través del ejemplo de amor y misericordia de Jesús, estamos
llamados a ser un pueblo mejor que lo que hemos visto en las pasadas semanas
(…) Con la escucha, la oración y la colaboración significativa, espero poder
encontrar soluciones duraderas y (poner) terreno común donde el racismo ya no
encontrará un lugar en nuestros corazones o en nuestra sociedad”.
El nuevo Comité
será el encargado de implementar la próxima carta pastoral de los obispos
estadounidenses sobre el racismo, que se espera sea liberada en 2018. En 1979,
los obispos publicaron una pastoral anti-racista titulada “Hermanos y
Hermanas”. En ella se abordaron muchos temas, pero el mensaje general entonces
como hoy fue: “el racismo es un pecado”.
“El racismo es
un pecado: un pecado que divide a la familia humana, borra la imagen de Dios
entre los miembros específicos de esa familia y viola la dignidad humana
fundamental de los llamados a ser hijos del mismo Padre”, decía, entonces la
carta pastoral de la USCCB.
Y el problema
sigue.
Jaime
Septién
Fuente: Aleteia
