Hasta lo
más sagrado, la oración, está contaminado por ese sacar algo, alcanzar algo...
Alegría
significa estar aligerado. Cuando uno se aligera, deja los pesos de la vida:
las incertidumbres, los sobresaltos, los temores de la vida, y entonces surge
la alegría, el estar aligerado.
Hay
dos momentos en la vida en los que se hace presente una cierta calma, un cierto
gozo. Uno es al acostarse. Es bueno, entonces desvestirse, quitarse
la ropa y entrar en contacto con las sábanas.
Si
nos acostamos vestidos no descansamos. Esto es solo un símbolo. Hay que
desvestirse no solo de la ropa, sino de todo lo que hemos vivido en el día, de
los compromisos, de las preocupaciones. Entonces sí se descansa.
Pero
si uno se acuesta arropado de sus compromisos y preocupaciones, no descansa. Y
dentro de ese momento un instante especialmente lúcido, ese que precede al
sueño. Hay una línea de vigilancia que precede al sueño, cuando nos sumergimos
en el sueño; es un momento de descanso, de sosiego, de alegría, de sentirse
aligerado.
El
otro momento es al despertar, ese momento pleno de lucidez,
sosegado…pero enseguida aparece la agenda del día, y desciende sobre nosotros,
y ya estamos revestidos no de ropas, sino de compromisos, responsabilidades…
La
vida debiera ser ligera. Estamos aquí para
vivir ligeros.
El
que se va de este mundo, no se lleva nada, parece casi que huye, dejando todo
atrás. Así vivid, sin pretender coger nada, que nada se eternice.
Pero
parece que queremos que la vida sea una cárcel, queremos fijar lo que poseemos,
lo que tenemos, esa experiencia, esa vivencia… y la vida se vuelve una
pesadumbre mortal.
No
sabemos vivir aligerados. Uno de los dones del
silencio es la alegría, porque uno se siente aligerado. ¡Y una oración que no
se aligere..! Si vamos a la oración empeñados en adquirir, en sacar… nuestro
lenguaje nos delata, pone de manifiesto nuestros afanes.
Un
amor que va con afán de sacar algo ¿qué clase de amor es? Hasta lo más
sagrado, la oración, está contaminado por ese sacar algo, alcanzar algo.
“Estad
alegres.” Vivid ligeros… y saboread el regalo de la vida.
Por
Fray José Fernández Moratiel, fundador de la Escuela del Silencio
Orden de los
Dominicos
Fuente: Aleteia
