Nunca dijo a nadie que llevaba un estigma más
escondido, excepto al que sería futuro Juan Pablo II
San Pío de Pietralcina
fue uno de los poquísimos santos en tener en su cuerpo
los signos visibles y tangibles de la Pasión de Cristo, y sufrió
también los mismos atroces dolores que otra herida más, confirmando lo que
había revelado directamente Jesús a San Bernardo sobre la presencia de una
dolorosísima y desconocida llaga en su hombro.
Un nuevo y
desconcertante descubrimiento sobre los dolores en la espalda sufridos por
padre Pío la hizo tras su muerte uno de sus amigos más queridos e hijo
espiritual, fray Modestino de Pietralcina.
El padre guardián le
encargó que recogiera todo lo que había pertenecido a Padre Pío y lo sellara en
bolsitas de nylon. Se dio cuenta de que en la camiseta había una gran mancha a
la altura del hombro derecho, cerca de la clavícula. La mancha tenía
un diámetro de unos diez centímetros (más o menos el que se nota
en la Sábana Santa). Al quitarse la camiseta, el dolor debía ser tremendo
si la llaga estaba en carne viva.
“Informé en seguida de este descubrimiento
al padre superior – recuerda fray Modestino – quien me dijo que
escribiera un breve informe. También el padre Pellegrino Funicelli, que
durante años había asistido al Padre Pío, me confió que, al ayudar muchas veces
al Padre a cambiarse la camiseta de lana que llevaba, notaba siempre, en
unas veces en el hombro derecho y otras en el izquierdo, una
equimosis circular”.
Wojtyla,
confidente
De esa llaga
nadie supo nada nunca. Sólo lo supo el futuro Papa Juan Pablo II,
y si el santo fraile sólo se lo reveló a él, debía haber alguna razón
particular.
En el libro “L’autobiografia
segreta“, de Francesco Castelli, historiador, postulador de la causa de
beatificación de Karol Wojtyla y profesor de Historia de la
Iglesia moderna y contemporánea en el ISSR “R. Guardini” de
Taranto, cuenta que el cardinale Andrzej Maria Deskur, en una
entrevista, se refirió a un encuentro en San Giovanni Rotondo, en abril
de 1948, entre el entonces sacerdote Karol Wojtyla y el fraile
estigmatizado. Fue entonces cuando el fraile le comunicó la existencia de la “llaga más
dolorosa”.
Una revelación
Fray Modestino afirma
haber tenido una revelación del propio Padre Pío después de su muerte. “Una
noche, antes de dormir, le hice una petición en la oración: ‘Querido Padre, si
realmente tenías esa llaga, dame una señal’. Me dormí. Pero, exactamente a
la una y cinco minutos de esa noche, mientras dormía
tranquilamente, un dolor agudo y repentino en el hombro me hizo despertar. Era
como si alguien, con un cuchillo, me hubiera descarnado el hueso de la
clavícula. Si ese dolor hubiese durado unos minutos más, creo que habría
muerto. Al mismo tiempo, oí una voz que me decía: ‘¡Así he sufrido
yo!’. Un intenso perfume me envolvió y llenó toda mi celda. Sentí el
corazón desbordante de amor a Dios. Sentí una extraña sensación: ser privado
de ese sufrimiento insoportable me era aún más penoso. El cuerpo quería
rechazarla pero el alma, inexplicablemente, la deseaba. Era dolorosísima y
dulce a la vez. ¡Por fin lo había comprendido!”.
GELSOMINO DEL GUERCIO
Fuente: ACI
