¿Qué pasó en estos ochocientos años en la vida del hombre, para que
cambiara de la centralidad en Dios, al olvido total de Dios?
Les enumeraré algunos de
los síntomas para que ustedes los reconozcan:
1. Textos de religión sin Dios.
Con el objetivo de sacar a Dios de las escuelas católicas, han logrado meter dentro de muchas de ellas, programas de religión cuyos textos abarcan desde preescolar hasta bachillerato, en los que a lo largo de todo el programa, no se dice una sola palabra de Dios. Son textos que, por supuesto, cuentan con el Imprimatur y el Nihil Obstat, firmado por algún obispo disidente.
Si no hablan de Dios los textos de religión, ¿de qué hablan, entonces? Hablan de “Temas de actualidad”, de Educación sexual (al tenor destructivo del que ya hablamos), de las Grandes Religiones, de Historia de la Iglesia, de Sociología, Ecología, Antropología, Dinámicas grupales, Ética relativista, Autoconocimiento y Desarrollo personal, Acciones altruistas y Justicia Social; algunos, llegan a hablar de un “Dios” impersonal, que se confunde con el universo y de un Jesús cósmico o guerrillero, líder humano, pero jamás hablan de Él como Dios.
Con el objetivo de sacar a Dios de las escuelas católicas, han logrado meter dentro de muchas de ellas, programas de religión cuyos textos abarcan desde preescolar hasta bachillerato, en los que a lo largo de todo el programa, no se dice una sola palabra de Dios. Son textos que, por supuesto, cuentan con el Imprimatur y el Nihil Obstat, firmado por algún obispo disidente.
Si no hablan de Dios los textos de religión, ¿de qué hablan, entonces? Hablan de “Temas de actualidad”, de Educación sexual (al tenor destructivo del que ya hablamos), de las Grandes Religiones, de Historia de la Iglesia, de Sociología, Ecología, Antropología, Dinámicas grupales, Ética relativista, Autoconocimiento y Desarrollo personal, Acciones altruistas y Justicia Social; algunos, llegan a hablar de un “Dios” impersonal, que se confunde con el universo y de un Jesús cósmico o guerrillero, líder humano, pero jamás hablan de Él como Dios.
¿Se imaginan qué tragedia? Con esto, han conseguido que miles de niños, educados durante 15 años en una escuela católica, salgan de ella sin conocer a Dios ni saber siquiera qué es el catolicismo.
Lo peor, es que la influencia no se ha quedado en las escuelas, sino que también ha invadido a las Universidades católicas, que han olvidado su misión de formar a los líderes cristianos del mañana, haciendo que sus alumnos conozcan a Jesucristo, lo amen y lo imiten.
El mundo está urgido de comunicadores cristianos, de
empresarios cristianos, de economistas y políticos cristianos y, por desgracia,
encontramos muchas universidades católicas, dirigidas por sacerdotes, en las
que no se les habla de Dios a los alumnos a lo largo de toda la carrera, con el
pretexto de que “hay que respetar a las otras creencias”, aún cuando su
alumnado esté formado por puros católicos.
¿Para qué puede haber fundado una congregación
religiosa una Universidad, si no es para evangelizar y convertir a todas las
almas hacia Dios? ¿Haberse hecho sacerdotes, entregando su vida entera a Dios,
para formar únicamente líderes empresariales y económicos que no conocen a
Dios? Hay algo raro ahí… ¿no creen? seguramente parte de la estrategia de
Gramsci.
2. Una espiritualidad sin Dios.
Escritores del estilo del P. Anthony de Mello, escribieron muchos libros, colecciones enteras, de “espiritualidad y oración cristiana” bonitos y agradables, con cuentos y fábulas muy enternecedoras, pero que no hablan de la comunicación con el Dios verdadero ni con Jesucristo como Hijo de Dios, sino de…otro tipo de oración…que no es la nuestra y que lleva sólo a la comunicación con uno mismo, al sentirse bien, a la paz mental, pero no a la comunicación con Dios.
Con esto, lograron sacar a Dios de la oración cristiana, convirtiéndola sólo en una técnica de relajación o cosas por el estilo. ¡Cuántos católicos buenos cayeron en esta trampa!
Estos libros se siguen vendiendo por montones, pues hicieron una muy buena mancuerna con la industria de los cursos del New Age (yoga, meditación trascendental, control mental, cienciología, metafísica cristiana, angelología, cuarto camino, etcétera… todos ésos que dicen que no hablan de religión, que respetan todas las creencias, pero que llevan al hombre a olvidarse de Dios y pensar sólo en sí mismo) y también con la industria que vende las chucherías relacionadas con el New Age (angelitos, cuarzos, amuletos, incienso, pirámides, cristalitos, cojincitos, etcétera)
3. Sacramentos sin Dios.
Esto era muy difícil, pues justamente los sacramentos son los símbolos a través de los cuales Dios se hace presente en la vida del hombre.
Pero lo lograron, haciendo celebraciones eucarísticas que ya no lo son realmente, por la cantidad de abusos litúrgicos en ellas. Convirtieron la misa en un show, en “la reunión de los cristianos” y a la eucaristía la convirtieron en “el símbolo de la unión de los cristianos” y ya no en el sacramento de la presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo. Claro, con celebraciones tan distorsionadas, en las que muchas veces no hay consagración y por lo tanto, tampoco se lleva a cabo la transubstanciación, aunque suene imposible, se inventaron una “eucaristía sin Cristo” y dejaron los sagrarios y las almas de los comulgantes sin la presencia de Jesús.
Del mismo modo cometieron abusos con los otros sacramentos, la confesión y el matrimonio principalmente, celebrándolos de modo que la Gracia santificante ya no llegara a los que recibían esa falsa imitación del sacramento. Hablo de las confesiones y absoluciones colectivas y de los matrimonios celebrados sin los requisitos indispensables para la recepción del sacramento.
4. Una moral sin Dios
Promovieron desde dentro de la Iglesia las ideas del naturalismo, que el hombre es bueno por naturaleza, que todos los instintos son buenos, negando así la existencia del pecado. Promovieron la idea de que no hay una verdad absoluta. Con esto consiguieron alcanzar una moral relativista “depende de cada situación”, una moral de consenso “si lo hacen todos, es que está bien”. Promovieron la figura, muy bien aceptada, de “el hombre con valores humanos” para que el cristiano se olvidara de “el hombre virtuoso que desea la santidad”
5. Seminarios y conventos sin Dios
Estos jesuitas rebeldes, llegaron a ser maestros en las universidades pontificias y en los seminarios y fueron asesores espirituales y doctrinales en cientos de conventos. Promovieron dentro de ellos, principalmente, las técnicas psicológicas que llevaban a los religiosos a cambiar la entrega a las almas por la autoestima y la autorrealización; los métodos orientales de oración, que suplantaron a la oración contemplativa y sobre todo, ideas de rebeldía y desobediencia disfrazadas de “respeto a la dignidad” y “libertad de expresión”. Consiguieron sacar a Dios de los conventos y seminarios, que pronto también se quedaron vacíos de seminaristas y monjas. ¿Quién quiere estar en un convento o un seminario en donde no está Dios y sólo se respira rebeldía y autosuficiencia? Nadie.
6. Discursos y homilías, vacías de Dios.
La campaña de desprestigio a la Iglesia es tan grande en los medios, que ahora vemos a muchos de nuestros pastores que ya no se atreven a hablar de Dios en público. Muchos de ellos hablan ahora de la moral, como científicos o como economistas, pero no ya como pastores de almas, sólo por el terror de ser calificados por la prensa y los medios, como retrógradas, fanáticos, intolerantes, dogmáticos, anticuados, ridículos, impositivos y otras cosas por el estilo. Esto es muy triste, porque… si los pastores no nos hablan de Dios, ¿Quién lo hará?
7. Misiones sin Dios.
El mandato misionero de Jesucristo es bien claro: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándolas a cumplir lo que yo les he mandado”. Creo que queda claro que el objetivo de las misiones católicas es, esencialmente, convertir a las personas al cristianismo, mediante la predicación del Evangelio y el Bautismo.
Estas personas infiltradas en la Iglesia, lograron quitarle el carácter misionero a las misiones. Sí, fabricaron unas “misiones sin Misión”. Unas misiones en las que ya no se habla de Dios ni del Evangelio o el Bautismo; fabrican casas, reparten medicinas y alimentos, dan clases de nutrición y de agricultura… todo, menos hablar de Dios, para que el hombre se olvide de Dios.
Pienso que estos “misioneros” que asisten a esta clase de “misiones” deberían llamarse de otra manera… no sé… “voluntarios sociales” o algo así, porque de la Misión específica de la Iglesia, nada hacen.
8. Apostolados sin Dios.
Los laicos también estamos llamados a evangelizar. Lo dice claramente la Apostolicam Actuositatem del CVII. El laico está llamado a ser luz en la sociedad y a llevar el Evangelio de Cristo a todos los hombres, dentro de su ambiente social y con el trabajo apostólico correspondiente.
Muchos laicos, muchísimos, han querido tomar este mandato en serio y se han embarcado en fundar “apostolados”, pero, gracias a la influencia del modernismo dentro de la Iglesia, han omitido voluntariamente el hablar de Dios en ellos, “por miedo a que les cierren las puertas en el gobierno”, “por miedo a ser criticados” así que de “apóstoles” no tienen nada en absoluto.
Hay un número enorme de católicos trabajando en obras con fines sociales (orfanatos, asilos, comedores, albergues), con fines humanitarios (dispensarios, hospitales, consultorios de ayuda a la mujer) y con fines educativos (escuelas rurales, talleres, centros de alfabetización, nutrición, medio ambiente). Son obras buenas, sin duda, pero no son obras apostólicas en las que se debería hablar de Dios y del mensaje del Evangelio. No se puede enamorar el hombre de hoy de las cosas celestiales si solamente se le habla de las materiales.
Estas obras humanitarias, sociales y educativas, si no tienen la función de llevar a Dios a las almas, no pertenecen a la pastoral de la Iglesia. Son necesarias, pero las podría llevar a cabo la Cruz Roja, la UNESCO o cualquier organismo gubernamental que tiene mucho más presupuesto que toda la Iglesia junta. No tendría porqué estar haciéndolas la Iglesia, desde sus parroquias y movimientos, con los poquísimos recursos humanos y materiales con los que cuenta para su misión específica que es anunciar la Buena Noticia del Evangelio.
“La Iglesia, dice Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, existe para evangelizar, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios y perpetuar el sacrificio de Cristo en la Eucaristía”.
“Una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios termina por defraudar el hambre de Dios que tienen los pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual.”
«De ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón»
Total, el asunto es que Dios ha quedado fuera de muchísimos de los apostolados cristianos.
Este es el estado de una buena parte de la Iglesia hoy en día. Una Iglesia sin Dios, desde la que se predica un cristianismo sin Dios, un Evangelio sin Dios y se vive como si Dios no existiera.
Por supuesto, aunque estas cosas sucedan dentro de la Iglesia, no lograrán jamás acabar con ella, pues sabemos bien que Jesucristo ha vencido al mundo y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella.
Por: Lucrecia Rego de Planas
2. Una espiritualidad sin Dios.
Escritores del estilo del P. Anthony de Mello, escribieron muchos libros, colecciones enteras, de “espiritualidad y oración cristiana” bonitos y agradables, con cuentos y fábulas muy enternecedoras, pero que no hablan de la comunicación con el Dios verdadero ni con Jesucristo como Hijo de Dios, sino de…otro tipo de oración…que no es la nuestra y que lleva sólo a la comunicación con uno mismo, al sentirse bien, a la paz mental, pero no a la comunicación con Dios.
Con esto, lograron sacar a Dios de la oración cristiana, convirtiéndola sólo en una técnica de relajación o cosas por el estilo. ¡Cuántos católicos buenos cayeron en esta trampa!
Estos libros se siguen vendiendo por montones, pues hicieron una muy buena mancuerna con la industria de los cursos del New Age (yoga, meditación trascendental, control mental, cienciología, metafísica cristiana, angelología, cuarto camino, etcétera… todos ésos que dicen que no hablan de religión, que respetan todas las creencias, pero que llevan al hombre a olvidarse de Dios y pensar sólo en sí mismo) y también con la industria que vende las chucherías relacionadas con el New Age (angelitos, cuarzos, amuletos, incienso, pirámides, cristalitos, cojincitos, etcétera)
3. Sacramentos sin Dios.
Esto era muy difícil, pues justamente los sacramentos son los símbolos a través de los cuales Dios se hace presente en la vida del hombre.
Pero lo lograron, haciendo celebraciones eucarísticas que ya no lo son realmente, por la cantidad de abusos litúrgicos en ellas. Convirtieron la misa en un show, en “la reunión de los cristianos” y a la eucaristía la convirtieron en “el símbolo de la unión de los cristianos” y ya no en el sacramento de la presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo. Claro, con celebraciones tan distorsionadas, en las que muchas veces no hay consagración y por lo tanto, tampoco se lleva a cabo la transubstanciación, aunque suene imposible, se inventaron una “eucaristía sin Cristo” y dejaron los sagrarios y las almas de los comulgantes sin la presencia de Jesús.
Del mismo modo cometieron abusos con los otros sacramentos, la confesión y el matrimonio principalmente, celebrándolos de modo que la Gracia santificante ya no llegara a los que recibían esa falsa imitación del sacramento. Hablo de las confesiones y absoluciones colectivas y de los matrimonios celebrados sin los requisitos indispensables para la recepción del sacramento.
4. Una moral sin Dios
Promovieron desde dentro de la Iglesia las ideas del naturalismo, que el hombre es bueno por naturaleza, que todos los instintos son buenos, negando así la existencia del pecado. Promovieron la idea de que no hay una verdad absoluta. Con esto consiguieron alcanzar una moral relativista “depende de cada situación”, una moral de consenso “si lo hacen todos, es que está bien”. Promovieron la figura, muy bien aceptada, de “el hombre con valores humanos” para que el cristiano se olvidara de “el hombre virtuoso que desea la santidad”
5. Seminarios y conventos sin Dios
Estos jesuitas rebeldes, llegaron a ser maestros en las universidades pontificias y en los seminarios y fueron asesores espirituales y doctrinales en cientos de conventos. Promovieron dentro de ellos, principalmente, las técnicas psicológicas que llevaban a los religiosos a cambiar la entrega a las almas por la autoestima y la autorrealización; los métodos orientales de oración, que suplantaron a la oración contemplativa y sobre todo, ideas de rebeldía y desobediencia disfrazadas de “respeto a la dignidad” y “libertad de expresión”. Consiguieron sacar a Dios de los conventos y seminarios, que pronto también se quedaron vacíos de seminaristas y monjas. ¿Quién quiere estar en un convento o un seminario en donde no está Dios y sólo se respira rebeldía y autosuficiencia? Nadie.
6. Discursos y homilías, vacías de Dios.
La campaña de desprestigio a la Iglesia es tan grande en los medios, que ahora vemos a muchos de nuestros pastores que ya no se atreven a hablar de Dios en público. Muchos de ellos hablan ahora de la moral, como científicos o como economistas, pero no ya como pastores de almas, sólo por el terror de ser calificados por la prensa y los medios, como retrógradas, fanáticos, intolerantes, dogmáticos, anticuados, ridículos, impositivos y otras cosas por el estilo. Esto es muy triste, porque… si los pastores no nos hablan de Dios, ¿Quién lo hará?
7. Misiones sin Dios.
El mandato misionero de Jesucristo es bien claro: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándolas a cumplir lo que yo les he mandado”. Creo que queda claro que el objetivo de las misiones católicas es, esencialmente, convertir a las personas al cristianismo, mediante la predicación del Evangelio y el Bautismo.
Estas personas infiltradas en la Iglesia, lograron quitarle el carácter misionero a las misiones. Sí, fabricaron unas “misiones sin Misión”. Unas misiones en las que ya no se habla de Dios ni del Evangelio o el Bautismo; fabrican casas, reparten medicinas y alimentos, dan clases de nutrición y de agricultura… todo, menos hablar de Dios, para que el hombre se olvide de Dios.
Pienso que estos “misioneros” que asisten a esta clase de “misiones” deberían llamarse de otra manera… no sé… “voluntarios sociales” o algo así, porque de la Misión específica de la Iglesia, nada hacen.
8. Apostolados sin Dios.
Los laicos también estamos llamados a evangelizar. Lo dice claramente la Apostolicam Actuositatem del CVII. El laico está llamado a ser luz en la sociedad y a llevar el Evangelio de Cristo a todos los hombres, dentro de su ambiente social y con el trabajo apostólico correspondiente.
Muchos laicos, muchísimos, han querido tomar este mandato en serio y se han embarcado en fundar “apostolados”, pero, gracias a la influencia del modernismo dentro de la Iglesia, han omitido voluntariamente el hablar de Dios en ellos, “por miedo a que les cierren las puertas en el gobierno”, “por miedo a ser criticados” así que de “apóstoles” no tienen nada en absoluto.
Hay un número enorme de católicos trabajando en obras con fines sociales (orfanatos, asilos, comedores, albergues), con fines humanitarios (dispensarios, hospitales, consultorios de ayuda a la mujer) y con fines educativos (escuelas rurales, talleres, centros de alfabetización, nutrición, medio ambiente). Son obras buenas, sin duda, pero no son obras apostólicas en las que se debería hablar de Dios y del mensaje del Evangelio. No se puede enamorar el hombre de hoy de las cosas celestiales si solamente se le habla de las materiales.
Estas obras humanitarias, sociales y educativas, si no tienen la función de llevar a Dios a las almas, no pertenecen a la pastoral de la Iglesia. Son necesarias, pero las podría llevar a cabo la Cruz Roja, la UNESCO o cualquier organismo gubernamental que tiene mucho más presupuesto que toda la Iglesia junta. No tendría porqué estar haciéndolas la Iglesia, desde sus parroquias y movimientos, con los poquísimos recursos humanos y materiales con los que cuenta para su misión específica que es anunciar la Buena Noticia del Evangelio.
“La Iglesia, dice Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, existe para evangelizar, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios y perpetuar el sacrificio de Cristo en la Eucaristía”.
“Una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios termina por defraudar el hambre de Dios que tienen los pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual.”
«De ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón»
Total, el asunto es que Dios ha quedado fuera de muchísimos de los apostolados cristianos.
Este es el estado de una buena parte de la Iglesia hoy en día. Una Iglesia sin Dios, desde la que se predica un cristianismo sin Dios, un Evangelio sin Dios y se vive como si Dios no existiera.
Por supuesto, aunque estas cosas sucedan dentro de la Iglesia, no lograrán jamás acabar con ella, pues sabemos bien que Jesucristo ha vencido al mundo y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella.
Por: Lucrecia Rego de Planas
Fuente: Catholic.net
