Llamar a las cosas por su nombre es el mejor
comienzo para una actitud sana
Pero en el
fondo, no hablar de sexo es como intentar hacer caso omiso a una enorme
mancha de kétchup en la camisa blanca de un amigo. Es bastante ridículo. Y
la verdad, hundir la cabeza en la arena durante mucho tiempo es la mejor manera
de ahogarse.
Hablar de sexo
también es hablar de humanidad
Poco importa la
cultura o la educación, el sexo es el catalizador de nuestro ser. Si es
abordado de forma sana, nos acompaña en una vida de plenitud y contribuye a
crear equilibrio. Sin embargo, ignorarlo supone crear
frustración y un entorno favorable a una sexualidad desviada.
No podemos
callar lo que no podemos ignorar. No pasa un día sin que estalle un escándalo
sexual: un político engaña a su mujer, un futbolista es encontrado en brazos de
una chica de compañía, un hombre es acusado de pedofilia…
El silencio y
la censura se han practicado con mucha frecuencia, pero sin resolver nada. Así
que, ¿y si intentamos otra cosa? ¿Y si aceptamos que el sexo forma parte de
nuestras vidas? ¿Y si admitimos que lo necesitamos?
Tal vez así
podríamos vivir con menos tabúes, menos hipocresía y ganar un poco en
humanidad.
Para empezar,
hay que atreverse a usar las palabras adecuadas. El hecho de que otros les
hayan dado un carácter grosero no significa que lo sean necesariamente.
Un gato es un
gato, llamar a las cosas por su nombre es el mejor comienzo para una
actitud sana.
Enrojecer de
vergüenza cuando alguien dice la palabra “pene” en relación a la dimensión
fisiológica del órgano y evitar usar este campo lexical sólo sirve para admitir
que el sexo es un ámbito que debería producir vergüenza, del que deberíamos
ocultar su existencia.
Si
profundizamos en la cuestión, sorprende bastante ver lo condicionados
que estamos.
Haced un
experimento: deteneos ante un anuncio o un artículo que os parezca “atrevido”.
Intentad desmenuzar qué elementos os han causado impacto. ¿Una desnudez? ¿Las
palabras que emplea? ¿El contexto? Luego preguntaos por qué os ha causado
impresión. Es muy raro que no sea más que una cuestión de educación. En
realidad, a menudo el rechazo viene porque nos evoca un tabú, un miedo, una
envidia no aceptada…
Evidentemente,
el sexo pertenece al ámbito de la intimidad, pero hay admitir que pueda
causar interés entre los jóvenes y no tan jóvenes y que hay ocasiones en que
podemos hablar de ello. Esto sólo ayudará a vivir en armonía y de acuerdo a
como somos.
