Señor quiere una Iglesia en salida y que vaya al mundo “no como un poderoso, sino en forma de siervo” y que propague “el perdón y la paz de Dios”
El Papa Francisco presidió este sábado en el Santuario de San Juan Pablo II, en Cracovia
(Polonia) la Misa con los sacerdotes,
religiosos, consagrados y seminaristas, a quienes pidió “ser escritores vivos
del Evangelio” con obras de misericordia, pues Cristo no quiere discípulos
duros, sino que habiendo experimentado el perdón de Dios, lo derramen con
compasión sobre los hermanos.
“¿Qué es lo que nos pide
Jesús? Quiere corazones verdaderamente consagrados, que viven del perdón que
han recibido de Él, para derramarlo con compasión sobre los hermanos. Jesús
busca corazones abiertos y tiernos con los débiles, nunca duros; corazones
dóciles y transparentes, que no disimulen ante los que tienen la misión en la Iglesia de orientar en el camino”, afirmó.
Francisco reflexionó sobre el
pasaje evangélico que narra la aparición de Jesús a los discípulos luego de su
Resurrección. Los discípulos, recordó, estaban encerrados, pero Cristo “entra,
se pone en medio y trae su paz, el Espíritu Santo y el perdón de los pecados:
en una palabra, la misericordia de Dios”; y les dice que “como el Padre me ha
enviado, así también os envío yo”.
El Papa indicó que esto
quiere decir que el Señor quiere una Iglesia en salida y que vaya al mundo “no
como un poderoso, sino en forma de siervo” y que propague “el perdón y la paz
de Dios”. “¿Cómo no sentir aquí el eco de la gran exhortación de san Juan Pablo
II: ‘¡Abrid las puertas!’?”, expresó.
Francisco reconoció que está
la tentación “de quedarse un poco encerrados, por miedo o por comodidad, en
nosotros mismos y en nuestros ámbitos. Pero la dirección que Jesús indica es de
sentido único: salir de nosotros mismos. Es un viaje sin billete de vuelta”. “Quien ha optado por configurar toda su existencia con Jesús ya no elige dónde
estar, sino que va allá donde se le envía, dispuesto a responder a quien lo
llama; tampoco dispone de su propio tiempo. La casa en la que reside no le
pertenece, porque la Iglesia y el mundo son los espacios abiertos de su misión”,
insistió.
Por ello los exhortó a no
subir “a los estrados vacilantes de los poderes del mundo” ni adaptarse “a las
comodidades que aflojan la evangelización”. La persona que se ha consagrado a
Dios “no se conforma con una vida mediocre,
sino que tiene un deseo ardiente de ser testigo”, afirmó.
Francisco señaló que el
pasaje evangélico también hace referencia al apóstol Tomás. “Este discípulo se
nos asemeja un poco, y hasta nos resulta simpático. Sin saberlo, nos hace un
gran regalo: nos acerca a Dios, porque Dios no se oculta a quien lo busca.
Jesús le mostró sus llagas gloriosas, le hizo tocar con la mano la ternura
infinita de Dios”, señaló.
En ese sentido, recordó que
Jesús dijo a Santa Faustina Kowalska que quiere que lo busquen con una oración
transparente, confiándole y encomendándole “las miserias, las dificultades y
las resistencias”. “El corazón de Jesús se conquista con la apertura sincera”,
afirmó el Papa.
Finalmente, el Santo Padre
recordó que Juan narra en su Evangelio que “no están escritos muchos otros
signos que hizo Jesús”. “Después del gran signo de su misericordia —podemos
pensar—, ya no se ha necesitado añadir nada más. Pero queda todavía un desafío,
queda espacio para los signos que podemos hacer nosotros, que hemos recibido el
Espíritu del amor y estamos llamados a difundir la misericordia”.
“Se puede decir –indicó
Francisco– que el Evangelio, libro vivo de la misericordia de Dios, que hay que
leer y releer continuamente, todavía tiene al final páginas en blanco: es un
libro abierto, que estamos llamados a escribir con el mismo estilo, es decir,
realizando obras de misericordia”.
Por ello, “les pregunto:
¿Cómo están las páginas del libro de cada uno de vosotros? ¿Se escriben cada
día? ¿Están escritas sólo en parte? ¿Están en blanco? Que la Madre de Dios nos
ayude en ello: que ella, que ha acogido plenamente la Palabra de Dios en su
vida, nos de la gracia de ser escritores vivos del Evangelio”, alentó.
Por su parte, al final de la
Misa, el Arzobispo de Cracovia y Delegado de la Conferencia Episcopal Polaca
para el Clero, Cardenal Stanislaw Dziwisz,
agradeció al Papa por sus palabras y por la celebración Eucarística.
El Purpurado destacó las
numerosas vocaciones que tiene la Iglesia en Polonia y que le permite estar
abierta “a las necesidades de otras Iglesias”. “Hoy un grupo numeroso de
misioneros y misioneras polacos anuncian a Cristo en todos los continentes. De
esta manera pagamos también la deuda por el bautismo recibido de nuestros
antepasados hace 1050 años”, afirmó.
Además, recordó que
durante el periodo comunista “los jóvenes polacos veían en la Iglesia el
terreno en el cual podían servir a los hermanos y hermanas, anunciándoles, con
la vida y la palabra, la verdad plena sobre Dios y el hombre”.
El también exsecretario de
San Juan Pablo II afirmó que los sacerdotes y consagrados polacos “llevan el
peso de los compromisos apostólicos buscando al mismo tiempo de dar un testimonio
transparente del Evangelio. Buscamos de convertirnos continuamente a un estilo
evangélico de vida y de servicio”, inspirándose también en el Papa polaco.
“Padre Santo, que nos
refuerce tu bendición, para que podamos ser todavía más fieles a Cristo, a fin
que podamos convertirnos siempre en mejor sal de la tierra y luz del mundo”,
concluyó el Purpurado.
Al término de la Misa, el
Papa Francisco bendijo las reliquias de San Juan Pablo II, consistente en una
ampolla con la sangre del santo polaco que le extrajeron en uno de sus últimos
exámenes médicos antes de fallecer en el Policlínico Gemelli, en Roma (Italia).
Fuente: ACI
