¿Ves bien?
El sábado vino un grupo de ciegos. Era una visita que
esperábamos con mucha ilusión, pero, antes de su llegada, fuimos conscientes de
que teníamos que cuidar pequeños detalles; por ejemplo, al hablar, evitar
palabras como "¿Lo veis?" o "Si miráis...".
Lo cierto es que estábamos un poco preocupadas por si
habría que orientarles para que consiguiesen llegar bien, sin embargo, entraron
en el locutorio sin problema, pues cada uno iba acompañado por un lazarillo: un
amigo, voluntario o familiar que le guiaba. No era más el lazarillo que ellos,
pues, como compartió una: "Mi compañero pone los ojos, pero yo a él le
pongo la cabeza"
Se acercaron a nosotras, y en pocos minutos pude
descubrir que veían, que estábamos muy equivocadas. Incluso veían mucho más que
nosotras.
Hubo un momento que me impactó mucho. Estábamos
hablando de la nueva Virgen del locutorio, y uno preguntó:
-¿La podemos ver?
Me impresionó la palabra "ver". Me llamó la
atención que la utilizasen y, acto seguido, pude comprobar por qué.
Se levantaron uno a uno, y fue muy emotivo verles
palpar con infinita delicadeza la talla de la Virgen: la cara, las manos, el
Niño, cada detalle...
-¡Qué tierna! ¡Qué bonita! ¿Tenéis estampas?
-preguntaban.
-¡Qué cálida es, se nota que es de madera!
Se me ponían los pelos de punta, pues... ¡veían! Veían
con todos los sentidos y, cuando su falta de visión les impedía ver algo, no
dudaban en preguntar los colores o en buscar una mano que les guiase a la meta.
¡Cuántas oportunidades tienes al día de (como nuestros
hermanos ciegos) ver en profundidad! Sin embargo, ¡qué miedo da nuestra
debilidad, acercarnos, palparla, sentirla, descubrirla... y más dejarnos llevar
por un lazarillo y mirarla de frente!
Hoy el reto del amor es que no pases de puntillas y
que mires con Cristo ese problema que te preocupa, ese problema del que
correrías en otra dirección sin mirar. Deja que Cristo sea tu lazarillo, déjate
ayudar también por las personas que Él ha puesto a tu lado para que te den luz
y puedas ver a lo largo del camino.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
