Confesión con el P. Pichon
Esto es tan verdad, que dos
meses después de mi entrada, cuando vino el P. Pichon para la profesión de sor
María del Sagrado Corazón, se quedó sorprendido al ver lo que Dios estaba obrando
en mi alma, y me dijo que, la víspera, al verme hacer oración en el coro, mi
fervor le pareció totalmente infantil y muy dulce mi camino.
Mi entrevista con
el Padre fue para mí un consuelo muy grande, aunque velado por las lágrimas a
causa de la dificultad que encontré para abrirle mi alma.
Y luego añadió: Da
gracias a Dios por todo lo que hace por ti, pues, si te abandonase, en vez de
ser un pequeño ángel, serías un pequeño demonio. ¡No, no me costó nada creerlo!
Sabía lo débil e imperfecta que era. Pero la gratitud embargaba mi alma.
Tenía
tanto miedo de haber empañado la vestidura de mi bautismo, que una garantía
como aquélla, salida de la boca de un director espiritual como los quería nuestra
Madre santa Teresa -es decir, que uniesen la ciencia y la virtud-, me parecía
como salida de la misma boca de Jesús... El Padre me dijo también estas
palabras que se me grabaron dulcemente en el corazón: «Hija mía, que Nuestro
Señor sea siempre tu superior y tu maestra de novicias».
Fuente: Catholic.net
